El
reino de los cielos es un reino
de amor, de arrepentimiento, de
perdón, y de muchas riquezas.
Hoy, yo soy la voz que clama en
Miami, “preparen el
camino del Señor.” ¿Estás
tu dispuesto a vivir las
enseñanzas de este reino?
La
anunciación del reino de Dios
comienza con el profeta Isaías.
“Una voz clama: <<Abran
el camino a Yahvé en el desierto.
En la estepa tracen una senda
para Dios, que todas las
quebradas sean rellenadas y
todos los cerros y lomas sean
rebajados, que se aplanen las
cuestas, y queden las colinas
como un llano.>> (Is 40:30).
Isaías es el primero que sacude al
pueblo de Israel con el mensaje.
Recuerden que este es un pueblo
histórico que entiende de reinos,
pero de reinos terrenales (El del
Saúl, David, Salomón, etc). Mas, el
Señor quiere que crezcan y que
cambien, exhortándolos a un reino
que no pasa, que es eterno.
Corremos el tiempo y nos
detenemos en el río Jordán,
donde Juan retoma el concepto
del reino pero esta vez es
definitivo. O sea, ya Jesús está
presente entre ellos y comienza
a ahondar y a expandir ese reino
tan anunciado.
Antes que Jesús fuera bautizado
por Juan, en una escena
anterior, aparece Juan
predicando <<Cambien
su vida y su corazón,
porque el Reino de los Cielos se
ha acercado>>
Como dijimos anteriormente, las
palabras de Juan son eco de las
palabras del profeta Isaías.
Igual que mis palabras son
meramente un eco de las de Juan.
Jesús, a su vez, subraya y le da
énfasis a las palabras de Juan
cuando dice<<Cambien
sus vidas y su corazón, porque
el reino de los cielos se ha
acercado>> (Mat. 4-17).
Para que algo sea repetido en la
Biblia varias veces tiene que
ser importante.
Es
interesante notar que Jesús
no comienza con la
explicación de lo que es el
reino sino que los invita a un
profundo arrepentimiento para
pode alcanzarlo, como también lo
hace Juan. “Cambien
sus corazones” le
dice a la muchedumbre. Ese es el
primer requisito. Por eso
nuestra sabia Iglesia Católica
tiene el sacramento de la
confesión. Y el segundo
requisito es
soltar las redes
(Mat 4:20). Despégate de las
cosas del mundo y comienza a
pescar donde la pesca va a ser
grande. Después Jesús procede
con la descripción de quienes
formarán parte de ese reino.
Ahora, abre bien los oídos si tu
deseo es formar parte de este
reino. Llamémosle pasos.
El
primer paso es ser “pobre de
espíritu”. Quiere decir
ser humilde, una virtud. El
pobre al no tener, depende de
Dios y por ende no respira el
oxígeno cargado de orgullo que
respira el rico. El pobre es
solidario y comparte con su
vecino lo poco que tiene. Es
servicial. Su paga va ser el
reino de los cielos.
El
segundo paso es ser parte de los
“que lloran” o los que consuelan.
Aquí hay una senda de doble vía.
Los que lloran son aquellos que
carecen de alegría mundana, los
que ven el dolor y la miseria
del mundo y les desgarra el
corazón, los que sufren por las
injusticias, los que son
rechazados y discriminados.
También alude a aquellos que
consuelan a esos hijos de Dios.
El
tercer paso es ser “pacientes” o
mansos. O sea, hay que
tener fe y confiar que Dios hará
justicia. Hay que esperar en
Dios para las soluciones. Y para
poder ser paciente, hay que amar
primero. La recompensa será que
heredarán la tierra.
El
cuarto paso es ser parte del
grupo de los “que tienen hambre
y sed de justicia.” En
este hay que profundizar un poco
más. Justicia aquí significa
querer lo que quiere Dios para
el prójimo, lo cual se logra
mediante la sumisión a su
voluntad. Justicia también
quiere decir trabajar por los
derechos de los hombres, de los
niños, los ancianos, los
inmigrantes, y presos; es decir
no al aborto, no a la
prostitución, no al abuso
infantil. Eso es ser justo. El
pago: serás saciado.
El
quinto paso es ser “compasivo” o
misericordioso. La
palabra misericordia viene de la
palabra misericordare que
significa “dar el corazón al
pobre”. Ahora bien, pensemos en
la campaña ABCD de caridades
católicas. ¿Estás tu dispuesto a
ejercer tu brazo misericordioso?
¿Te escondes tú cuando piden
para los necesitados? ¿Te haces
el sordo cuando hay que ayudar
en tu grupo juvenil o en una
misión en la Iglesia? ¿Das tus
talentos y tu tiempo cuando es
necesario?
El
sexto paso es tener un “corazón
limpio” o puro. Pureza de
corazón no es más que
pensamientos y deseos dirigidos
a la edificación del prójimo.
Nunca albergar sentimientos de
rencor, odio, o envidia.
Recompensa: verás a Dios.
El
séptimo paso es “trabajar por la
paz”. El campeón en este
paso es el Santo Papa Juan Pablo
Segundo. Este hombre de Dios
constantemente luchó por la paz.
Una de sus frases que mas me
conmovió fue “Si quieres paz,
trabaja por la justicia.” El
trabajar por la paz no consiste
en ser un miembro de la ONU o un
diplomático. El trabajar por la
paz consiste en: si en un futuro
eres un político, luchar por
salarios justos, atención médica
para todos, especialmente los
más necesitados. Si eres un
legislador: crear leyes que
respeten la vida, el matrimonio,
la dignidad humana, la propiedad,
el derecho a expresar tu
creencia, etc. Si eres maestro:
enseñar lo correcto y no tus
inclinaciones políticas o lo que
es popular. Entonces, serás
reconocido como hijo de Dios.
El
octavo es dichoso los “perseguidos.”
Esto lo entienden bien los que
en países comunistas han sufrido
el odio y la opresión de ser
Católicos. En Cuba, muchos
jóvenes de murieron en paredones
gritando “viva Cristo rey.” Hoy,
y aquí en Miami, en India, en
China, y en muchos otros lugares,
los católicos aun son víctimas
de la burla, desprecio, insultos
y otras agresiones. Mas no te
preocupes, heredaras el reino de
los cielos.
Y el
último paso o bienaventuranza es
dichoso los que “sean maldecidos,
perseguidos y se les levanten
calumnias en su contra.”
En la escuela se burlarán de ti.
En el trabajo se burlarán de ti.
Muchos te maldecirán porque no
compartes sus ideas de muerte.
Te acusaran de mentiroso. Sin
embargo, Jesús te dice: Alégrate
y muéstrate contento porque será
grande tu recompensa.
En
su sermón, Jesús resumió los
pasos a seguir para ser parte
del reino. Hoy ante ti, sus
palabras se han hecho eco una
vez más. Estás tu dispuesto a
arrepentirte de tus pecados y
luego soltar las redes y
comenzar a vivir y trabajar por
ese reino de Dios? Si dijiste
que si,
no estás sólo, Jesús está
contigo. ¡Viva Cristo Rey!
Nota: Esta composición esta
dedicada a todos los jóvenes
Católicos cubanos que murieron
gritando “Viva Cristo rey” bajo
la dictadura comunista cubana.
Señor ayúdame a vivir tu reino
como ellos lo vivieron.
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