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¿Es lo mismo sembrar en un desierto
que en un valle verde y
fértil? Creo que no, muchos
dirán.
Las técnicas, los elementos
naturales, el terreno y los
productos que se quieren sembrar
son
diferentes para
cada terreno.
También tenemos
que tener
en
cuenta el
conocimiento, la
actitud y
los
medios que
dispone
el hombre o
la mujer
que se
llama
sembrador.
Hay que
sembrar
para poder
recoger. Pero
se recoge
con menos
esfuerzo, en
menos tiempo y
sin tanto
gasto en
un valle
fértil que
en un
desierto.
Los judíos
en las
tierras
desérticas de
Palestina
tuvieron que
desviar
ríos, hacer
regadíos
artificiales, traer
nutrientes
de otros
lugares y
organismos
que
ayudaban a
la
productividad de
una
siembra segura.
Claro está, esto
conlleva
esfuerzos, tiempo, gastos extras,
análisis en
los
laboratorios......etc........
.......Pues sí
hermanos
y hermanas, eso
pasa con
muchas
almas. Hay almas
que son
como
valles fértiles
que dan
buen
fruto y hay
almas que
son como
el
desierto en las cuales se
pierde el
tiempo en sembrar
buenas
semillas porque
dan nada
más que
cactus y
espinos, donde
hay más
muerte
que vida .
Nuestro Señor
y Dios
es ese
buen
sembrador que
quiere
sembrar semillas
de buenos
frutos en
nuestra
alma para
que demos
buenos
frutos en
la vida.
Nosotros tenemos
que
abonar el
terreno (nuestra
alma). Tenemos
que
buscar el
manantial
que da
vida. Jesús
es ese
manantial
de agua
viva. Traigamos
ese río
de agua
viva a
nuestras
vidas. Jesús es ese abono, el
Pan de
vida
bajado del
cielo, para
que
alimente y
fortalezca
nuestra
alma, nuestra
mente y
nuestro
corazón. Todo lo
que
somos.
Por eso, pasemos
por nuestra
alma y
usemos el
arado y
los
equipos de
sembrado
que la
iglesia recibió
de
Jesucristo para
limpiar
nuestras almas
de todas
las
espinas, malos
frutos y
de la
tierra
árida. Acerquémonos
al
sacramento de
la
reconciliación (confesión) para
que el
buen
sembrador
siembre en
nosotros la
buena semilla
y para
que demos
buenos
frutos. Entonces
podremos aplicar
aquello
que Jesucristo
dijo: “Por sus
frutos
los conoceréis”.
Aprovechemos
esta cuaresma
para
arreglar nuestro
terreno
espiritual y
que el
Señor
Jesús sea
el único
que
siembre en
el, no el
mundo o
el
príncipe de la
mentira, Satanás
y sus
acólitos. Y que
el señor
nos libre
de todo
mal. Amen.
(Esta
reflexión es propiedad de Jóvenes
Voceros de Cristo y solo puede ser
reproducida si
se especifica el autor y la
fuente que lo contiene) |