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Donde Sembrar
Written by Manuel Riveron   
Thursday, 02 March 2006

 

¿Es lo mismo sembrar en un desierto que en un valle verde y  fértil? Creo que no, muchos dirán.

Las técnicas, los elementos naturales, el terreno y los productos que se quieren sembrar  son  diferentes  para cada  terreno.

También  tenemos  que  tener  en   cuenta  el  conocimiento, la  actitud  y  los  medios  que  dispone  el   hombre o  la  mujer  que  se  llama  sembrador.

Hay  que  sembrar  para  poder   recoger. Pero  se  recoge  con menos  esfuerzo, en  menos tiempo  y  sin  tanto  gasto  en  un  valle  fértil que  en  un  desierto.

Los  judíos  en  las  tierras  desérticas de  Palestina  tuvieron  que  desviar  ríos, hacer  regadíos  artificiales, traer  nutrientes  de  otros  lugares  y  organismos  que  ayudaban  a  la  productividad  de  una  siembra  segura. Claro  está, esto  conlleva  esfuerzos, tiempo, gastos extras, análisis  en  los  laboratorios......etc........


.......Pues    hermanos  y  hermanas, eso  pasa  con  muchas  almas. Hay  almas  que  son  como  valles  fértiles  que  dan  buen  fruto y  hay  almas  que  son  como  el  desierto en las cuales se  pierde  el  tiempo en sembrar  buenas  semillas   porque dan  nada  más  que  cactus  y  espinos, donde  hay  más  muerte  que  vida .


Nuestro  Señor  y  Dios  es  ese   buen   sembrador  que  quiere  sembrar semillas  de   buenos  frutos  en  nuestra  alma   para  que  demos  buenos  frutos  en  la  vida. Nosotros  tenemos  que  abonar  el  terreno (nuestra  alma). Tenemos  que  buscar  el  manantial  que  da  vida. Jesús  es  ese  manantial  de  agua  viva. Traigamos  ese  río  de  agua  viva  a  nuestras  vidas. Jesús es ese abono, el  Pan  de  vida  bajado  del  cielo, para  que  alimente  y  fortalezca  nuestra  alma, nuestra  mente  y  nuestro  corazón. Todo  lo  que  somos.


Por eso, pasemos  por  nuestra  alma  y  usemos  el  arado  y  los   equipos  de  sembrado  que  la  iglesia recibió  de  Jesucristo  para  limpiar  nuestras  almas  de  todas  las  espinas, malos  frutos  y  de  la  tierra  árida. Acerquémonos  al  sacramento  de  la  reconciliación (confesión) para  que  el  buen  sembrador  siembre  en nosotros la  buena  semilla  y  para  que  demos  buenos  frutos. Entonces  podremos  aplicar  aquello   que  Jesucristo  dijo: “Por sus  frutos  los  conoceréis”.


Aprovechemos  esta  cuaresma  para  arreglar  nuestro  terreno  espiritual  y  que  el  Señor  Jesús  sea  el  único  que  siembre  en  el, no  el mundo  o  el  príncipe  de la  mentira, Satanás  y  sus  acólitos. Y que  el  señor  nos  libre  de  todo  mal. Amen.


 

(Esta reflexión es propiedad de Jóvenes Voceros de Cristo y solo puede ser reproducida si se especifica el autor y la fuente que lo contiene)


 

 
 


    

 


 

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