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En el evangelio de San Lucas
leemos: “Sean compasivos, como
es compasivo el Padre de ustedes.
No juzguen y no serán juzgados;
no condenen y no serán
condenados; perdonen y serán
perdonados” (Lc 6:36-38). En el
libro del Daniel nos encontramos
con una meditación:
“Me dirigí al Señor y le
implore, y durante cierto plazo
le suplique con oraciones y
ayunos. Hacia penitencias
vestidos con un saco y sentado
en el polvo. Rogué a Yave, mi
Dios, y le hice esta confesión:
Señor, Dios grande y temible,
que guardas la Alianza y el amor
a los que te aman y observan tus
mandamientos. Nosotros hemos
pecado, hemos sido injustos y
rebeldes y nos hemos apartado de
tus mandamientos y de tus leyes.
No escuchamos a tus siervos los
profetas, que, en nombre tuyo,
hablaban a nuestros reyes, a
nuestros jefes, a nuestros
padres y a todo el pueblo del
país. Señor, para ti la justicia,
para nosotros la cara llena de
vergüenza, como sucede en este
país…Para nosotros, para
nuestros padres, la vergüenza,
porque nos hemos sublevado
contra Yave…Todo Israel ha
quebrantado tu ley y se aparto
de ella en vez de escuchar tu
voz” (Dan. 9:4-11).......
En el evangelio se nos habla del
perdón. En el libro de Daniel se
nos habla de la reconciliación
con Dios. Para ser perdonados
tenemos que perdonar, y perdonar
siempre o 70 veces siete como le
dice Jesús a Pedro. Para
reconciliarnos con Dios hay que
seguir unos principios.
Hablemos primero de la
reconciliación. El pueblo de
Dios había pecado y Daniel toma
la iniciativa para interceder
por ese pueblo pecador. Nótense
dos de los principios
primordiales: ayuno y oración. ¿Estas
tu joven ayunando y orando? ¿Te
levantas tú en oración y te
acuestas después de haber
hablado con el único Dios lindo
y amoroso, nuestro Padre
celestial? ¿Te acuerdas los
viernes de no comer carne y de
ayunar de tu egoísmo, placeres,
excusas, falta de compromiso,
falta de entrega? Luego, Daniel
comienza su oración con
reconocimiento y arrepentimiento,
los otros dos principios. ¿Le
has dado gracias a Dios por tu
vida, por tus amigos, por tu
familia? ¿Ya confesasteis tus
pecados esta cuaresma? ¿Te has
arrepentido tú
de haber sido indiferente e
ingrato con el Señor y con su
Iglesia? ¿Cuantas veces tú le
has sido infiel al Señor al
poner tus cosas, tu trabajo, la
escuela antes de El? ¿Cuantas
veces te has olvidado de sus
mandamientos y has actuado con
rebeldía e inmadurez? ¿Cuantas
veces has prostituido tu fe? Ten
cuidado porque el Señor es
misericordioso pero también
justo.
No busques su justicia porque la
vas ha encontrar. Más bien
acógete a su misericordia,
arrepiéntete y cree en el
evangelio como nos dijeron el
miércoles de ceniza y muere a tu
pecado hoy. El es misericordioso
y rico en clemencia. Buscalo y
reconcíliate con El.
Ahora visitemos el perdón.
Permíteme ilustrártelo con un
ejemplo.
La señora Winston de 60 años de
edad es la madre de un muchacho
que casi pierde su vida en un
accidente automovilístico.
Después de 7 semanas de visitas
al hospital, parecía que el
muchacho por fin ganaría la
batalla de tantas complicaciones.
No es fácil para una madre dicha
batalla pero para la Señora
Winston siendo una mujer de fe
fue más llevadera. Ella creía en
el poder de la oración y
confiaba en la providencia
divina. Para ella, el doctor y
las enfermeras eran el
instrumento de Dios. Un día, su
amiga que la acompañaba le
pregunto por el trato que
recibía su hijo en el hospital.
<>
El problema fue el siguiente:
Un día la señora Winston le
pidió a una enfermera que le
comunicara al doctor que a ella
le gustaría que dejaran salir a
su hijo para una reunión
familiar. La enfermera con una
actitud arrogante y fría le
replica: ¿Para que? Me parece
irrazonable y además el doctor
no lo va aprobar>> Tal vez para
un joven esto no signifique
tanto pero para alguien mayor es
causa de dolor, mucho dolor. La
pobre señora se fue a su casa
triste y pasó el fin de semanas
con un dolor inmenso en su
Corazón. Ella no pudo entender
porque esta enfermera fue tan
fría y maleducada.
El próximo lunes, al entrar en
el cuarto de su hijo, se
encontró a la misma enfermera.
Se recordó de lo que había
pasado pero más pudo el amor que
el resentimiento. Se le acerco y
le dijo en voz baja:<>.
Entonces le abrazo y le expreso
cuanto apreciaba todo
lo que había hecho por su hijo.
A estas palabras la enfermera
casi se derrite, cuenta la
señora Winston. Parecía que su
día no había sido muy bueno y
que tenia problemas, concluye
Winston.
Leyendo esta historia real
podemos apreciar el amor en
acción. Sin duda nuestra primera
reacción casi siempre es de
enojo, orgullo, venganza,
acusación, etc. Tal vez uno lo
primero que haría seria llamar a
un supervisor y quejarse. Un
cubano la pondría en su sitio.
Otros desearían que se le
ponchara una goma o llanta. Más,
la señora Winston hace lo
contrario. Ella nos enseña y nos
inspira amor y perdón a pesar de
ser herida profundamente. Espero
que en esta cuaresma, cuando
alguien se te cruce con el carro
por medio, que lo perdones. Si
algún familiar te falla,
perdónalo. Recuerda que también
tú lo harás. Si tu jefe te
molesta o te trata con
indiferencia, perdónalo.
Perdonando es como recibimos
perdón.
Que Dios padre nos de la gracia
para perdonar. Vuelvo y te
repito: “perdona y serás
perdonado.”
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