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Cuaresma: tiempo de perdón y reconciliación
Written by Carlos Coello   
Monday, 03 April 2006
 
En el evangelio de San Lucas leemos: “Sean compasivos, como es compasivo el Padre de ustedes. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados” (Lc 6:36-38). En el libro del Daniel nos encontramos con una meditación:
“Me dirigí al Señor y le implore, y durante cierto plazo le suplique con oraciones y ayunos. Hacia penitencias vestidos con un saco y sentado en el polvo. Rogué a Yave, mi Dios, y le hice esta confesión: Señor, Dios grande y temible, que guardas la Alianza y el amor a los que te aman y observan tus mandamientos. Nosotros hemos pecado, hemos sido injustos y rebeldes y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus leyes. No escuchamos a tus siervos los profetas, que, en nombre tuyo, hablaban a nuestros reyes, a nuestros jefes, a nuestros padres y a todo el pueblo del país. Señor, para ti la justicia, para nosotros la cara llena de vergüenza, como sucede en este país…Para nosotros, para nuestros padres, la vergüenza, porque nos hemos sublevado contra Yave…Todo Israel ha quebrantado tu ley y se aparto de ella en vez de escuchar tu voz” (Dan. 9:4-11).......
En el evangelio se nos habla del perdón. En el libro de Daniel se nos habla de la reconciliación con Dios. Para ser perdonados tenemos que perdonar, y perdonar siempre o 70 veces siete como le dice Jesús a Pedro. Para reconciliarnos con Dios hay que seguir unos principios.
Hablemos primero de la reconciliación. El pueblo de Dios había pecado y Daniel toma la iniciativa para interceder por ese pueblo pecador. Nótense dos de los principios primordiales: ayuno y oración. ¿Estas tu joven ayunando y orando? ¿Te levantas tú en oración y te acuestas después de haber hablado con el único Dios lindo y amoroso, nuestro Padre celestial? ¿Te acuerdas los viernes de no comer carne y de ayunar de tu egoísmo, placeres, excusas, falta de compromiso, falta de entrega? Luego, Daniel comienza su oración con reconocimiento y arrepentimiento, los otros dos principios. ¿Le has dado gracias a Dios por tu vida, por tus amigos, por tu familia? ¿Ya confesasteis tus pecados esta cuaresma? ¿Te has arrepentido de haber sido indiferente e ingrato con el Señor y con su Iglesia? ¿Cuantas veces tú le has sido infiel al Señor al poner tus cosas, tu trabajo, la escuela antes de El? ¿Cuantas veces te has olvidado de sus mandamientos y has actuado con rebeldía e inmadurez? ¿Cuantas veces has prostituido tu fe? Ten cuidado porque el Señor es misericordioso pero también justo.
No busques su justicia porque la vas ha encontrar. Más bien acógete a su misericordia, arrepiéntete y cree en el evangelio como nos dijeron el miércoles de ceniza y muere a tu pecado hoy. El es misericordioso y rico en clemencia. Buscalo y reconcíliate con El.
Ahora visitemos el perdón. Permíteme ilustrártelo con un ejemplo.
La señora Winston de 60 años de edad es la madre de un muchacho que casi pierde su vida en un accidente automovilístico. Después de 7 semanas de visitas al hospital, parecía que el muchacho por fin ganaría la batalla de tantas complicaciones. No es fácil para una madre dicha batalla pero para la Señora Winston siendo una mujer de fe fue más llevadera. Ella creía en el poder de la oración y confiaba en la providencia divina. Para ella, el doctor y las enfermeras eran el instrumento de Dios. Un día, su amiga que la acompañaba le pregunto por el trato que recibía su hijo en el hospital. <> El problema fue el siguiente:
Un día la señora Winston le pidió a una enfermera que le comunicara al doctor que a ella le gustaría que dejaran salir a su hijo para una reunión familiar. La enfermera con una actitud arrogante y fría le replica: ¿Para que? Me parece irrazonable y además el doctor no lo va aprobar>> Tal vez para un joven esto no signifique tanto pero para alguien mayor es causa de dolor, mucho dolor. La pobre señora se fue a su casa triste y pasó el fin de semanas con un dolor inmenso en su Corazón. Ella no pudo entender porque esta enfermera fue tan fría y maleducada.
El próximo lunes, al entrar en el cuarto de su hijo, se encontró a la misma enfermera. Se recordó de lo que había pasado pero más pudo el amor que el resentimiento. Se le acerco y le dijo en voz baja:<>. Entonces le abrazo y le expreso cuanto apreciaba todo lo que había hecho por su hijo. A estas palabras la enfermera casi se derrite, cuenta la señora Winston. Parecía que su día no había sido muy bueno y que tenia problemas, concluye Winston.
Leyendo esta historia real podemos apreciar el amor en acción. Sin duda nuestra primera reacción casi siempre es de enojo, orgullo, venganza, acusación, etc. Tal vez uno lo primero que haría seria llamar a un supervisor y quejarse. Un cubano la pondría en su sitio. Otros desearían que se le ponchara una goma o llanta. Más, la señora Winston hace lo contrario. Ella nos enseña y nos inspira amor y perdón a pesar de ser herida profundamente. Espero que en esta cuaresma, cuando alguien se te cruce con el carro por medio, que lo perdones. Si algún familiar te falla, perdónalo. Recuerda que también tú lo harás. Si tu jefe te molesta o te trata con indiferencia, perdónalo. Perdonando es como recibimos perdón.
Que Dios padre nos de la gracia para perdonar. Vuelvo y te repito: “perdona y serás perdonado.”
 
Last Updated ( Tuesday, 04 April 2006 )
 
 


    


 


 

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