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Sin límite
Written by Manuel Riveron   
Tuesday, 11 April 2006

Vivimos en un mundo de límites y limitaciones personales. Los limites son buenos cuando son para el bien físico y espiritual de uno como para los demás. Tenemos limitaciones físicas y naturales que nos dicen hasta donde podemos llegar, ejemplo: a la hora de comer cuanto podemos comer, descansar al llegar del trabajo porque ya no podemos trabajar mas, el comportamiento en la escuela, la velocidad del carro por una zona escolar, etc. Sabemos que si no nos limitamos nos podemos enfermar, tener serios problemas con los demás, arrollar a un peatón o persona o muchas otras consecuencias cuando no seguimos los límites que nos impone la vida, nuestros padres, amigos y la sociedad en que vivimos. Los limites los pedemos llamar leyes o regulaciones.
 

Nuestras vidas están reguladas a respetar leyes existentes sino pagaremos las consecuencias si las violamos. También nosotros, cuando nos están violando nuestro espacio personal, nuestro “yo” y lo que me “Pertenece” respondemos con limitaciones: No me toques; de aquí para allá no me pases; este es mi cuarto; no me llames tanto; es mi privacidad y muchas otras actitudes ya bien sea de palabras que de obras le estamos diciendo al otro “Para” no te metas mas en mi vida, déjame en paz, piérdete un poco, no estoy para ti…para nadie…etc.


Como estamos acostumbrados a tantas leyes y limitaciones, ya sean buenas como injustas e innecesarias, estas marcan nuestras vidas, nuestra mente y actuamos con el cristal que se nos han puesto ante nuestros ojos. Pensamos que todos deben de actuar y pensar como lo hacemos nosotros, hasta inclusive queremos que Dios actué igualmente, que diga lo que nosotros pensamos que debe de decir, que siga nuestros caprichos…etc. En unas palabras, limitamos a Dios también.
 

Hermanos y hermanas, Dios nuestro Señor no tiene limites. El esta fuera de lo que nos limita a nosotros los mortales. Lo eterno no tiene límites, no tiene fin. Dios Padre envió a su hijo a nuestro mundo cuando el quiso y como el quiso que fuera. Los seres humanos de su época y en toda época creen que Dios como es todo Poderoso tiene que venir y nacer como todos, rico con poder, fama, que nos de los puestos en su reino que queremos nosotros, que el diga, haga y vaya como nosotros queremos. También, muchos limitamos a Dios en una medalla o cruz llevada al cuello, en una imagen o al templo solamente. Nuestro Señor esta en todas partes, no tiene limites, ni espacio propio…etc.
 

Hermanos y hermanas, el amor sin límites de Jesús lo llevo al Jueves Santo, al segundo piso de la casa donde el mismo celebro la primera misa, institución de la Eucaristía, donde bajo las especies de pan y de vino nos dio su cuerpo y su sangre como alimento y salvación. El no esperó a darle explicaciones y excusas a las limitaciones de algunos de los apóstoles sino que Jesús se arrodilló, lavó y besó los pies de sus discípulos. Lo mismo hizo cuando lo vinieron ha arrestar esa noche y que luego lo torturaron, lo condenaron a muerte y por ultimo lo matan, muerte en una cruz.
 

Aprovechemos esta cuaresma y reflexionemos sobre aquellas limitaciones que hacen que no crezcamos en santidad ante Dios y nuestros hermanos. Dejemos que el amor de Dios limpie nuestra casa espiritual. Terminamos con este pensamiento: No basta con llevarles nuestras manos limpias al Señor sino que también hay que llevárselas llenas de obras de amor.” Bendito sea el Señor, amen.


El no puso límites a sus verdugos y enemigos. Ni tampoco a sus amigos llenos de miedo y cobardía. Su palabra era la verdad pero llena de amor y perdón. A pesar que el estaba limitado en la cruz, desde ese trono redentor, supo decir “Padre perdónalos porque no saben lo hacen.” “En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. Su amor pasa todos los límites que nosotros los humanos nos imponemos a nosotros mismos y a los demás.

Su poder es el amor sin límites. Jesús curo a los enfermos cuando quiso, el día que quiso y a la persona que el quiso. No le importó las críticas de sus adversarios, la ley, ni aquellos que no lo comprendían todavía. Lo mismo ocurría cuando perdonaba los pecados de los pecadores. Se sentó y dejó que se acercaran las personas que querían oírlo. No le puso obstáculos ni limitaciones a nadie. Su ley era y es la del amor. Más de una vez lo dijo: “Yo no quiero inciensos, leyes, obras o sacrificios vacíos sino misericordia con tus semejantes. Entonces después ve al templo a darme culto y así estarás mostrando el amor.

Last Updated ( Tuesday, 11 April 2006 )
 
 


    


 


 

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