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Mi gavetero es el lugar
donde guardo mis recuerdos, donde
guardo y organizo mi ropa,
joyas…..etc.
Nuestro gavetero puede
ser grande o pequeño, de
distinto material, color, y
presencia. Lo
escogemos de acuerdo a nuestro gusto
y necesidad.
Escogemos un lugar de nuestra
preferencia en la habitación en la
cual dormimos.
A veces engavetamos artículos que
sacamos de vez en cuando según
nuestros deseos o caprichos.
En muchas ocasiones ni nos
acordamos de lo que tenemos
engavetado, hasta que hagamos una
limpieza del gavetero, o nos mueve
ordenarlo después de un desorden de
las gavetas.
En nuestra vida espiritual, en
muchas ocasiones, nos ocurre lo
mismo. Sacamos a
Jesús, a la Iglesia, a sus Santos y
a la Virgen de nuestras gavetas.
Nos ponemos el traje de
cristiano de comuniones, de
hermandad, de vida de oración, de
actos
caritativos…etc, y ante el
cansancio, las dificultades de la
vida, los tropiezos y desengaños,
optamos por engavetar poco a poco
todo lo que a Dios se refiere en
nuestras gavetas.
El tentador y príncipe
del engaño nos invita
constantemente a ponernos los trajes
del mundo, un traje nuevo todos los
días y echar a
la basura o a las gavetas del
olvido, el traje blanco, el traje
puro de santidad que nos hace ser
hijos del altísimo, hermano de Jesús
y de su Iglesia.
Hermano(a) mío, no te olvides del
Señor y de tus hermanos.
Te queremos y te necesitamos.
Eres una joya humana valiosa
en las manos del Señor.
El escribe
derecho en nuestros
renglones torcidos, pero no nos pide
que torzamos los caminos de otros,
nuestros pensamientos y hechos de la
comunidad.
Cuando te sientas asechado de todas
estas cosas, la oración es tu
consuelo. Sigue adelante. “Si se
puede.”
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