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No sé tú, pero entre todos los
hombres, yo soy el menos indicado
para que Jesús haya hecho lo que
hizo para salvarme: primero hacerse
hombre y luego morir en una cruz
por mí.
¡Hay que estar loco de amor! Yo
mismo no lo haría. Me conozco poco
pero
estoy conciente que no valgo tanto
para tal sacrificio. Sin
embargo Jesús vino a este mundo no
sólo por mí sino que también por ti.
Y nosotros pocas veces hemos hecho
el esfuerzo de entender lo que
significa que un Dios tan grande y
poderoso se hiciera hombre para
salvar a su pueblo. Te reto a que le
regales a Jesús en esta navidad el
esfuerzo de entender lo que
significa este gran acto de amor y
de humillación.
Para entender esta locura, primero
hay que repasar algunas de las
cualidades que describen a Dios y
luego usar algunos ejemplos.
En su palabra tenemos que Dios es
“Santo, santo, santo es el Señor
todo poderoso, toda la tierra esta
llena de su gloria.” (Is.6:3) El
Salmista también nos describe a Dios
como dueño y Señor del mundo, el que
lo estableció todo, el rey de la
gloria. (Sal. 24). Dios es el
principio y el fin, el alfa y la
omega, el gran Yo soy, majestuoso,
digno de adoración, fuerte,
invencible y no hay nadie como El.
Fíjense que no estamos hablando de
cualquiera. Estamos hablando de
grandeza inigualable. Y fue
precisamente este Dios quien decidió
convertirse en una de sus criaturas
para rescatarla. ¡Increíble verdad!
Y es precisamente esto lo que no
entendemos.
Si entendiéramos lo que significa
haber creado todo, ser poderoso y
majestuoso, omnipotente,
omnisciente, e infinito y de pronto
limitarse y rebajarse al nivel del
ser humano para elevarlo y
rescatarlo, gritaríamos todos los
días de nuestra vida gloria, honra,
honor y poder para Dios en medio de
admiración y alegría.
Por esa razón, imagínate lo
siguiente: “Tu eres el presidente de
esta poderosísima nación USA. A ti
te preocupa la pobreza en el mundo.
Pero para disminuirla, solo hay una
solución. Tu tienes que abandonar tu
puesto de jefe de Estado, hacerte un
pobre e irte a vivir a África en las
condiciones más extremas y precarias
de pobreza, necesidad e injusticia.”
¿Estarías dispuesto hacerlo cuando
tú como Presidente estás cómodo y
nunca vas a pasar hambre ni
necesidad? Además, desde la Casa
Blanca puedes mandar millones en
ayuda sin tener que ir
allí y exponerte a enfermedades,
secuestros, injusticias, odio, SIDA,
etc.” ¿Ahora entiendes
un poco mejor la venida de Jesús?
Si quieres otro ejemplo, ahora
imagínate que tú eres un gran amante
de la naturaleza, principalmente de
los animales. Como están
extinguiéndose los cerdos, decides
convertirte en uno de ellos. Tienes
que vivir en un corral, alimentarte
de sobras, vivir en el fango, hablar
como puerco, actuar como puerco y
embarrarte de lodo sabiendo que
pudieras estar divirtiéndote o
haciendo muchísimas cosas mejores.
Además, algún día te pegarán y
maltratarán para que no hagas ruido.
Y finalmente servirás para servir la
mesa. ¿No sería esto algo rebajante?
Quizás también podrías pensar que
para salvar a tu mejor amigo el cual
sufre de una adicción a las drogas,
tienes que ir a vivir con el. Tienes
que abandonar tu seguridad
financiera de un buen trabajo, un
hogar, una familia, un buen carro,
una comunidad a la cual compartes a
gusto por una vida áspera, llena de
incógnitas, donde tienes que dormir
en casas abandonadas, ser expuesto a
las condiciones naturales o a ser
violado, abusado, encarcelado o
infestado con una enfermedad, todo
por salvar a tu amigo. ¿Estarías
dispuesto a hacerlo?
Esto fue lo que hizo Jesús. Fue
capaz de salir de su comodidad
divina para salvarnos a todos
nosotros. ¿Ahora entiendes? |