Cuando llegaron a su destino,
junto a los pastorcitos,
comenzaron a admirar al niño
Dios. Entonces, su presencia
ambientó el lugar y derritió
toda soledad, incertidumbre,
preocupación y frío. Ellos,
luego de presentarse, hacer
preguntas y expresar sus
alegrías, entregaron varios
regalos. Uno presentó oro
simbolizando la fe y
reconociendo la realeza y
majestuosidad de Cristo. Otro
les entregó a la Virgen y a San
José incienso simbolizando la
esperanza de su gozo y la misión
de Jesús como sacerdote. El
último les entregó mirra que
simboliza el amor. Luego de
entregar sus regalos, comenzaron
a adorarle. Y en el calor de la
adoración paralizaron la
frialdad de la noche.
Reflexionando sobre estos
sucesos, es fácil notar que la
actitud y la entrega de los
pastorcitos y de los reyes magos
sin duda cambiaron la
temperatura del lugar. Y yo
estoy seguro que Jesús durmió
como verdaderamente un Rey esa
noche.
Pero esa no fue la única noche
fría para Jesús. Todavía hay
muchas noches frías en el mundo
y Jesús sigue naciendo desnudo,
desposeído, hambriento, sin
posada y friolento en el rostro
de los pobres y sin pastorcitos
y reyes que le visiten. ¡Qué
pena verdad! Y aun más, Jesús
todavía hoy en día sigue
buscando posada y lo único que
encuentra es corazones fríos que
se niegan a recibirlo.
Si analizas tu actitud y
respuesta como cristiano, sabrás
de lo que hablo. Todos sabemos
que este es un tiempo de cambio
en nuestras actitudes, en
nuestros pensamientos y en
nuestro corazón. La Iglesia
resalta la invitación a la
conversión en cada retiro pero
nosotros lo único que hacemos es
tirarle la puerta en las narices
a dicha invitación y seguir
viviendo a nuestra manera. No
hay espacio para quien nos dio
la vida y dio su vida por
nosotros. Estamos empecinados en
mantener nuestra posada cerrada
a Él. Y no busques tan lejos, tú
mismo puedes ser una de esas
personas que con tu rechazo, tu
indiferencia, tu apatía, creas
un ambiente hostil y frío. Cada
vez que te cierras a la
invitación a un retiro, a
participar en las actividades, a
emplear tus talentos, a
compartir con otros, a consolar
al necesitado, estás bajando la
temperatura en tu posada.
Por eso y por el amor a Dios,
comienza esta noche a darle
calor a tu salvador y Señor.
Déjalo entrar en tu corazón. Haz
espacio para Él. Prende la
estufa y con los maderos del
egoísmo, el orgullo, la frialdad
espiritual, la mediocridad y la
pereza produce el fuego que
brinda calor. Por favor no
pongas más resistencia. No
pongas más excusas. Ríndete y
déjate amar por Jesús. Imita a
los pastorcitos que lo dejaron
todo para ir a rendirle
adoración; fueron capaces de
salir de su monotonía. Por
favor, te invito a que dejes las
cosas del mundo. Haz como los
reyes magos que arriesgaron su
reputación. Olvídate del qué
dirán y salte de tu comodidad.
Mira, Él esta a la puerta
tocando y quiere morar contigo,
quiere posada y quiere tu calor.
Los reyes magos le adoraron y
los pastorcitos también. Juntos
acaloraron con su entrega,
actitud, y apertura de corazón
al recién nacido.
¿Estás tu dispuesto a hacer lo
mismo? ¿Piensas seguir siendo
indiferente y apático? Recuerda,
cada vez que rechaces a Jesús,
experimentará una vez más otra
noche fría..