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Written by
Manuel Riverón
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Wednesday, 11 April 2007
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Nuestro idioma castellano es
rico en palabras y expresiones.
En muchas ocasiones, una sola
palabra es capaz de expresar un
concepto que llega hasta lo más
profundo de nuestras almas.
Diferentes palabras también
pueden tener un toque espiritual
y un toque divino. La palabra
Misericordia es una de esas
palabras tan profundas. En la
palabra misericordia descubrimos
el corazón de Jesús y la ley de
todo cristiano, el amor.
Separemos la palabra
misericordia. Miseri-cordi-a.
Miseri se refiere a
la compasión. Jesús es compasivo con
los pecadores. Jesús quiere que
seamos compasivos con los demás. En
especial con nuestros padres
envejecidos, con los enfermos, con
las viudas, con nuestros enemigos,
adversarios, los más débiles, los
pobres, con el que nos ofende...etc.
“Misericordia quiero y no
holocaustos y rituales vacíos” dice
el Seńor Jesús.
Cordi es
corazón. Jesús quiere una
compasión que salga del corazón,
que sea sincera y de amor
cristiana. La compasión no puede
ser un mero sentimiento de
lástima. La misericordia tiene
que ser un acto auténtico de
amor que mueva todos los
sentidos del hombre y lo invite
a acercarse al hermano
necesitado en todo y por el todo.
Setenta veces siete. No a
medias.
Jesús le dice a Sor Faustina en
Polonia por los ańos del 1930 al
1938: “No quiero castigar a la
humanidad llena de dolor sino
sanarla estrechándola contra mi
corazón misericordioso.” Lean el
diario de Santa Maria Faustina y
podrán comprender mejor el
diálogo entre Jesús y la santa
y, lo más importante, el mensaje
de amor de Jesús por nosotros,
mensaje de todos los tiempos.
A partir del viernes santo a las
3 pm cuando Jesús entrega su
espíritu al Padre en la cruz,
comienza la novena de la Divina
Misericordia. Y el segundo
domingo de pascuas es la fiesta
de la Divina Misericordia donde
Jesús viene a nosotros en primer
lugar a través del sacramento
del perdón, de la reconciliación,
y en la Eucaristía, donde nos
entrega su cuerpo y su sangre
como alimento de vida eterna.
Del costado de Cristo brotó la
Iglesia, un torrente de agua
viva, y un mar de misericordia.
Aprovechemos esta invitación que
Jesús nos hace en su día de
misericordia. Arrepiéntete y
busca su amor. Cree en Él.
Miremos a Jesús y digamos
Jesús en ti confío.
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