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Cuentan que un buen día, un
hombre bastante mayor fue al
dentista a ponerse una dentadura
nueva. Después del procedimiento,
el hombre quedó muy alegre y muy
contento. De pronto se puso a
escribir en un papel. El
dentista al verlo le preguntó en
tono jocoso si eso era la
redacción de su testamento por
los nombres. Y el hombre le dijo
que no. Eso son los nombres de
todas las personas que voy a
morder!!! Empezando por mi nuera.
¿A cuántas personas has mordido
o piensas morder? ¿O mejor dicho,
a cuánta gente sigues mordiendo?
En el evangelio según
San Mateo 5,43-48
leemos:
“Ustedes han oído que se dijo:
Amarás a tu prójimo y odiarás a
tu enemigo. Pero yo les digo:
Amen a sus enemigos, rueguen por
sus perseguidores; así serán
hijos del Padre que está en el
cielo, porque él hace salir el
sol sobre malos y buenos y hace
caer la lluvia sobre justos e
injustos. Si ustedes aman
solamente a quienes los aman, ¿qué
recompensa merecen? ¿No hacen lo
mismo los publicanos? Y si
saludan solamente a sus hermanos,
¿qué hacen de extraordinario?
¿No hacen lo mismo los paganos?
Por lo tanto, sean perfectos
como es perfecto el Padre que
está en el cielo.”
En otras palabras, ponte un
bozal espiritual.
Interesante reto el que nos
propone el Señor. Nada más y
nada menos que amar a nuestros
enemigos. ¡Qué difícil verdad!
Sin embargo, ¡todo es posible
con Cristo!, ¿o no? Eso es lo
que dice su palabra. “Todo lo
puedo en Cristo que me fortalece.”
(Fil. 4:13)
¿Entonces, cual es el problema?
¿Acaso no sabemos quién es
nuestro enemigo? Nuestro enemigo
no es nuestro hermano que por
ignorancia o por maldad nos hace
la vida casi imposible. Nuestro
enemigo es Satanás. Ahora, en un
modo humano como lo dice nuestro
Señor, nuestro enemigo es aquel
que no quiere nuestro bien.
Ampliando la definición, todos
tenemos personas que por razones
conocidas o ajenas no nos
quieren. En lenguaje popular,
nosotros no somos santos de su
devoción. Eso es una realidad y
siempre será así. Y esas
personas son personas que nos
envidian, que nos critican
fuertemente, que nos calumnian,
que nos traicionan, que nos
desprecian, que nos maltratan,
persiguen, nos ignoran, nos
abusan, nos evitan, ect. En fin,
nuestro enemigo es aquel que se
convierte en un instrumento de
Satanás para hacernos sufrir.
Entonces, ¿qué se puede hacer?
La respuesta es fácil pero a su
vez difícil de encarnar.
Amen a sus enemigos, rueguen por
sus perseguidores. ¡Ahí
está la respuesta! Si pero, ¿Acaso
el Señor sabe lo que es ser
traicionado, despreciado,
humillado, usado, ignorado o
insultado…? En teoría suena muy
lindo pero la realidad es
diferente.
Hermano, sabes algo—Jesús sí
sabe lo que es ser traicionado
por sus amigos. Jesús sabe lo
que es ser despreciado,
humillado, insultado, etc. Y Él
ante dicha situación levantó los
ojos al cielo y dijo “Padre
perdónalos porque no saben lo
que hacen.”
¡Tu también lo puedes hacer!
Jesús no te pedirá que hagas
nada que el no hizo. Y es más,
ÉL mismo te dará Su gracia para
que lo logres. Tú sólo tienes
que decidir si lo vas hacer o
no. Depende de ti.
Y esto implica también perdonar.
Porque no se puede amar a un
enemigo si primero no perdonas
el mal que te ha hecho. Y es más,
nos conviene porque los únicos
que sufrimos cuando no
perdonamos somos nosotros. Y el
Señor no nos va a perdonar
tampoco.
Entonces para qué complicarse
más la vida. Yo propongo que
perdonemos y amemos. Después de
todo, qué sentido tiene la vida
si las cosas fueran tan fáciles.
Si ustedes aman
solamente a quienes los aman, ¿qué
recompensa merecen? ¿No hacen lo
mismo los publicanos? Y si
saludan solamente a sus hermanos,
¿qué hacen de extraordinario?
¿No hacen lo mismo los paganos?
Hermanos, ser cristiano es
caminar por el camino angosto.
No hay atajos. O eres cristiano
o eres pagano. ¿Qué dices, te
animas? Esta es la única manera
que podremos ser
perfectos como es perfecto el
Padre que está en el cielo.
Amen.
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