“De veras, no tengo tiempo.” “No
puedo, este fin de semana viene
mi tía, el otro tengo a unos
amigos que llegan de mi tierra.”
“Si supieras, estoy tan agobiado
que me quedaría dormido si voy.”
“Lo que pasa es que tengo mucho
trabajo y encima de eso estoy
haciendo overtime.” “Lo siento
pero ese es uno de mis días
libres y aprovecho para ver a mi
novio.” “No puedo porque ahora
yo voy al gimnasio ese día.” “No
me lo vas a creer pero tengo una
cantidad de proyectos en la
escuela.” Todo, puras excusas.
Ahora, imagínense que el Señor
nos pagara con la misma moneda.
Nosotros: Señor, tengo un examen
dificilísimo. Ayúdame a retener
toda la información.
El Señor: Ay mijo, no puedo
porque tengo que ayudar a otra
persona.
Nosotros: Señor, mi mamá está
muy enferma. Ayúdala please.
El Señor: Ahora no tengo tiempo.
Voy a una conferencia
carismática.
Nosotros: Señor, me siento solo,
abandonado, deprimido, agobiado.
Por favor ayúdame.
El Señor: ¡Ay que pena me da! En
estos momentos yo estoy tan
cansado. Tú no te imaginas todas
las oraciones que he escuchado y
todos los problemas que he
solucionado en este día.
Nosotros: Señor, déjame entrar
en tu morada eterna y gozar de
la vida eterna.
El Señor: Lo siento pero no
recuerdo quién tu eres. Tu cara
no me es familiar.
¿A quién le gustaría escuchar
estas excusas de la boca del
Señor cuando estemos con el agua
hasta la nariz? ¡A nadie verdad!
Pues aplícate el cuento. Evita
la excusitis.
La excusitis es una
enfermedad espiritual producto
de una falta de conversión
radical la cual poco a poco nos
convierte en profesionales
fabricando excusas a la hora de
responder a un llamado. Andamos
por la vida como el pájaro
“sipero”. ¿Te gustaría venir al
grupo? Si pero
ahora no puedo. ¿Te
gustaría ayudarnos en...?
Si pero
ese día llega mi amiga a
visitarme. Siempre nos están
invitando pero nunca tenemos
tiempo para el Señor.
Todo en el mundo es
importante menos las cosas del
Señor. Y lo triste es que no nos
damos cuenta de lo serio que es
andar fabricando excusas por la
vida. No nos damos cuenta que
estamos cambiando nuestro
futuro, nuestra vida en la
eternidad por excusas baratas
que ni nosotros mismos las
creemos. Lean detenidamente la
siguiente lectura:
“En
aquel tiempo, uno de los que
estaban a la mesa con Jesús, le
dijo:
«¡Dichoso el que pueda
participar en el banquete del
Reino de Dios!»
Jesús le respondió: Un hombre
daba un gran banquete y convidó
a muchos; a la hora del banquete
mandó un criado a decir a los
invitados:
“Vengan, que ya está todo
preparado”.
Pero todos, uno tras otro,
comenzaron a disculparse. El
primero le dijo:
“He comprado un campo y necesito
ir a verlo; te ruego que me
disculpes”.
Otro dijo: “He comprado cinco
yuntas de bueyes y voy a
probarlas; te ruego que me
disculpes”.
Y otro dijo: “Acabo de casarme
y, por tanto, no puedo ir”.
Volvió el criado y contó lo
sucedido al amo. Entonces éste
se enojó y dijo a su criado:
“Sal corriendo a las plazas y
calles de la ciudad y trae a mi
casa a los pobres, a los
lisiados, a los ciegos y a los
cojos”. Más tarde el criado
dijo:
“Señor, se hizo como mandaste, y
todavía hay sitio”. Entonces el
amo dijo:
“Sal a los caminos y a las
veredas, e insísteles hasta que
entren y se llene mi casa. Y les
digo que ninguno de aquellos que
habían sido invitados probará mi
banquete” (Lucas 14,
15-24).
¿Se dan cuenta cuán seria es la
cuestión? Jesús nos invita a
través del grupo o cierta
persona y nosotros preferimos
rechazar la propuesta porque
tenemos cosas más importantes
que hacer. Con nuestra actitud
perdemos la oportunidad de
recibir sanación, liberación,
perdón y fortaleza espiritual “su
banquete.” Y fíjense cómo
nos parecemos a los personajes
de la parábola.
“He comprado un campo y necesito
ir a verlo; te ruego que me
disculpes”.
Aquí Jesús habla de los
inversionistas, de aquellos que
invierten parte de su tiempo y
tesoro en las cosas mundanas y
no en las cosas divinas donde la
inversión perdura. Hablamos de
la gente que invierte casi todo
en su filosofía personal,
carrera, afiliación política,
entre otros.
“He comprado cinco yuntas de
bueyes y voy a probarlas; te
ruego que me disculpes”.
Aquí Jesús habla de los
consumistas y materialistas,
aquellos que priorizan un carro,
una casa, efectos eléctricos,
etc.
“Acabo de casarme y, por tanto,
no puedo ir”.
Por último Jesús menciona a
aquellas personas que endiosan y
juran fidelidad a su pareja y
rechazan a Dios.
Y aún más, no sólo vamos a
perder la vida eterna que de por
cierto lo es todo; sino que
también recibiremos un pago aquí
en la tierra porque el colocar
una excusa antes de Dios te
lleva a la idolatría, algo que
Dios detesta. Idolatría es
poner una excusa antes de Dios
en la escala de valores de
nuestra vida diaria.
El pueblo de Israel estuvo casi
40 años en el desierto por la
idolatría ya que hicieron un
becerro de oro para adorar
mientras Moisés buscaba las
instrucciones de guía que los
llevarían a la tierra prometida,
“su
banquete”. El
becerro de hoy se llama excusa y
el desierto depresión, soledad,
enfermedad, desamparo, miedo,
etc.
Como ves, la excusitis
no conduce a
nada bueno, sólo conlleva a la
idolatría. La idolatría nos
separa de Dios y de su
providencia. Y lo peor de todo,
al final de nuestra vida, la
excusitis nos cierra las
puertas para participar en el
banquete celestial, la vida
eterna.
Espero que tú no seas uno de los
que rechaza la invitación. Si
ese es tu caso, la próxima vez
cuando llegue la invitación,
piensa bien si servirás o te
excusarás. Todavía estás a
tiempo.
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