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Siembra más y cosecharás más PDF Print E-mail
Written by Carlos Coello   
Wednesday, 29 November 2006

Cuentan que un día en el bolsillo del pantalón de un católico se encuentran dos billetes, un billete de $1 dólar y un billete de $20 dólares. Después de haberse saludado, con ostentación el billete de $20 exclama:

“¡Te cuento, mi vida es tan divertida y tan volátil. Siempre me sacan a pasear a muchísimos lugares. He visitado restaurantes, cines, centros comerciales (Mall), lugares de negocios, de diversión, he viajado a otros países, en fin, estoy tan feliz.”

Billete de $1: “ ¡Qué bueno, pero yo soy más feliz que tu a pesar de que siempre voy al mismo lugar!.”

Billete de $20: “¡Si! ¿Y se puede saber por qué y a dónde es que tu siempre vas?

Billete de $1: “La razón que explica mi gozo es simple. Mi secreto es que yo soy un billete religioso y siempre voy a misa todos los domingos.”


Tristemente, este pequeño cuento ilustra una gran verdad del pueblo católico. Así sea en la colecta dominical con un dólar o un par de dólares para cualquier otra misión de la Iglesia, nosotros los católicos no somos muy generosos en nuestro compromiso como mayordomos de los bienes de Dios.

Las razones varían. Quizás es por hábito. Quizás es por tradición. También pudiera ser por falta de fe. Y es bueno que estemos conciente de las razones principales que limitan nuestra generosidad para cubrir las necesidades del prójimo. Pero es aún más importante comprender las consecuencias que desfilarán detrás de nuestra pobre actitud porque cada vez que despreciamos la oportunidad de bendecir a un hermano necesitado, nuestras bendiciones que descansan en los baúles celestiales quedarán totalmente congeladas. Todos queremos ser bendecidos pero no todos estamos dispuestos a dar. Para recibir hay que invertir. 

Entrando un poco en el mundo de los negocios, todo inversionista para cobrar interés tiene que primero depositar una cantidad de dinero y dependiendo de la cantidad, así será el interés que cobrará.  Mientras más dinero invierta, mayor será el interés. Así sucede con el campesino. Primero tiene que invertir en las semillas, la preparación del terreno, y la mano de obra. Y por supuesto, mientras más semillas siembre y más tiempo le dedique al proceso, más grande será la cosecha.

De igual manera funciona en el plano espiritual. Si no siembras no cosechas y si tu inversión es pequeña, también será pequeña tu recompensa.

En la palabra de Dios, encontramos una lectura bien interesante y una de mis favoritas—la de la viuda que entregó lo poco que tenía y se lo dio a Elías, profeta de Dios. Esta lectura resalta la gran recompensa que aguarda a las almas generosas.

 En aquel tiempo, Elías se puso en camino hacia Sarepta, y al llegar a la puerta de la ciudad encontró allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme un vaso de agua para beber». Cuando ella iba por el agua, Elías le gritó: «Tráeme también un poco de pan». Ella le respondió: «Te juro, por el Señor tu Dios, que no me queda ni un pedazo de pan; sólo me queda un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en la vasija. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña para preparar un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos». Elías le dijo: «No temas. Anda y prepáralo como has dicho, pero primero haz un panecillo para mí y tráemelo; después lo harás para ti y para tu hijo. “La tinaja de harina no se vaciará, la vasija de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra”».

      Ella fue e hizo lo que Elías le había dicho, y comieron él, ella y su hijo. Ni la tinaja de harina se vació, ni la vasija de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.” (I Reyes 17, 10-16)

¡Qué curioso! Esta mujer no tenía casi nada. Lo opuesto a nosotros que siempre estamos llorando miseria a pesar que nuestra despensa está llena de reservas, tenemos dinero en el banco, pagamos letra de un carro, renta, entretenimiento, etc. Esta mujer lo único que le quedaba en las cabinas de la cocina de su casa era un poco de harina y aceite para comer una vez mas para después sentarse a esperar la muerte. Sin embargo, ella decidió entregar lo poco que tenía al profeta (que representa a Dios) y Dios mirando su obediencia le multiplicó su entrega. 

Imagínense que esta mujer le hubiera dicho a Elías que no. Sin duda hubiera perdido la oportunidad de seguir viviendo porque lo que se hubiera ahorrado con el profeta solo le iba a durar más o menos un par de días. Sin embargo ella fue inteligente. Invirtió en la fuente inagotable.

Ahora, ¿cuántos de nosotros seguimos el ejemplo de la viuda? ¿Cuántos de nosotros somos capaces de entregarle a Dios esos $5 o $10 dólares que EL nos pide los domingos, a pesar que tal vez pensamos que eso es lo único que nos queda?

Con 3 o 5 dólares en el bolsillo uno puede ir a Burger King y adquirir un hamburger, papitas y refresco pero eso sólo te matará el hambre por algunas horas. Con 20 o 30 dólares uno puede ir al cine o a un restaurante con la novia, pero la semana siguiente esa salida será historia. Con Dios la cosa es diferente. Esos 3 o 5 dólares pueden contribuir en la evangelización a la vez que te garantiza que podrás hacer varios mercados en el mes. Con Dios esos 20 o 30 dólares le permitiría a la campaña ABCD seguir sus obras y a ti te representaría sana diversión continua.

Por eso invierte con confianza. “«No temas. Anda y prepáralo como has dicho, pero primero haz un panecillo para mí”. Basta ya de decir que no puedes o que no tienes. Con excusas nunca lograrás que Dios te bendiga. Todos podemos aportar algo porque tenemos un Padre sumamente rico. Dios nunca te va a quitar más de lo que te dará. Tu solamente entrégale esos $5 o $10 dólares o lo que tengas y Dios se encargará en revestir tu “poco,” Ni la tinaja de harina se vaciará, ni la vasija de aceite se agotará.  

 

Disclaimer: Esta información es verificada pero no garantizada. No es la intención del grupo que sea usada como base para un diagnostico o decisión sino que son consejos a considerar. Jóvenes Voceros de Cristo, sus líderes, ni la Iglesia de St. Agatha se responsabilizan por el mal manejo de la misma. Es exclusivamente responsabilidad del lector su buen uso.

 
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