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Noche fría PDF Print E-mail
Written by Carlos Coello   
Tuesday, 19 December 2006

En medio de una noche fría, los pastorcitos conversaban y se reunían alrededor de un fuego oriental para mantener sus cuerpecitos calientes. La noche estaba estrellada. Había silencio absoluto. Las ovejas descansaban en paz. El pueblo dormía. De pronto, un ángel se apareció y con buenas nuevas sorprendió a los pastorcitos, generando en sus corazones el calor del gozo divino. De pronto, los pastorcitos recogieron sus cosas y se fueron en búsqueda de la gran novedad.

Mientras avanzaban, tres reyes magos por otro camino se apresuraban para encontrarse cara a cara con el Rey de Reyes que había nacido. Estos hombres habían olvidado que era una noche fría ya que en medio de gran alegría, sudaban de impaciencia y gozo.

Cuando llegaron a su destino, junto a los pastorcitos, comenzaron a admirar al niño Dios. Entonces, su presencia ambientó el lugar y derritió toda soledad, incertidumbre, preocupación y frío. Ellos, luego de presentarse, hacer preguntas y expresar sus alegrías, entregaron varios regalos. Uno presentó oro simbolizando la fe y reconociendo la realeza y majestuosidad de Cristo. Otro les entregó a la Virgen y a San José incienso simbolizando la esperanza de su gozo y la misión de Jesús como sacerdote. El último les entregó mirra que simboliza el amor. Luego de entregar sus regalos, comenzaron a adorarle. Y en el calor de la adoración paralizaron la frialdad de la noche.
Reflexionando sobre estos sucesos, es fácil notar que la actitud y la entrega de los pastorcitos y de los reyes magos sin duda cambiaron la temperatura del lugar. Y yo estoy seguro que Jesús durmió como verdaderamente un Rey esa noche.
Pero esa no fue la única noche fría para Jesús. Todavía hay muchas noches frías en el mundo y Jesús sigue naciendo desnudo, desposeído, hambriento, sin posada y friolento en el rostro de los pobres y sin pastorcitos y reyes que le visiten. ¡Qué pena verdad! Y aun más, Jesús todavía hoy en día sigue buscando posada y lo único que encuentra es corazones fríos que se niegan a recibirlo.
Si analizas tu actitud y respuesta como cristiano, sabrás de lo que hablo. Todos sabemos que este es un tiempo de cambio en nuestras actitudes, en nuestros pensamientos y en nuestro corazón. La Iglesia resalta la invitación a la conversión en cada retiro pero nosotros lo único que hacemos es tirarle la puerta en las narices a dicha invitación y seguir viviendo a nuestra manera. No hay espacio para quien nos dio la vida y dio su vida por nosotros. Estamos empecinados en mantener nuestra posada cerrada a Él. Y no busques tan lejos, tú mismo puedes ser una de esas personas que con tu rechazo, tu indiferencia, tu apatía, creas un ambiente hostil y frío. Cada vez que te cierras a la invitación a un retiro, a participar en las actividades, a emplear tus talentos, a compartir con otros, a consolar al necesitado, estás bajando la temperatura en tu posada.
Por eso y por el amor a Dios, comienza esta noche a darle calor a tu salvador y Señor. Déjalo entrar en tu corazón. Haz espacio para Él. Prende la estufa y con los maderos del egoísmo, el orgullo, la frialdad espiritual, la mediocridad y la pereza produce el fuego que brinda calor. Por favor no pongas más resistencia. No pongas más excusas. Ríndete y déjate amar por Jesús. Imita a los pastorcitos que lo dejaron todo para ir a rendirle adoración; fueron capaces de salir de su monotonía. Por favor, te invito a que dejes las cosas del mundo. Haz como los reyes magos que arriesgaron su reputación. Olvídate del qué dirán y salte de tu comodidad.
Mira, Él esta a la puerta tocando y quiere morar contigo, quiere posada y quiere tu calor. Los reyes magos le adoraron y los pastorcitos también. Juntos acaloraron con su entrega, actitud, y apertura de corazón al recién nacido.
¿Estás tu dispuesto a hacer lo mismo? ¿Piensas seguir siendo indiferente y apático? Recuerda, cada vez que rechaces a Jesús, experimentará una vez más otra noche fría..

Last Updated ( Tuesday, 02 January 2007 )
 
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