| Avanza por los campos floridos de la Felicidad Parte 4 |
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| Written by Carlos Coello | |
| Sunday, 15 July 2007 | |
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Regla # 3 Quema tu pasado.
“Digo solamente esto: olvidando lo que dejé atrás, me lanzo hacia adelante y corro hacia la meta, con miras al premio para el cual Dios nos llamó, desde arriba, en Cristo Jesús.” (Fil. 3:13-14)
Para ser feliz hay que olvidarse de los fracasos del pasado. Recuerda que no se puede secar la ropa de hoy con el sol de ayer. Si te hirieron, te rechazaron, te traicionaron, prefirieron a otro en vez de a ti… eso fue ayer.
( Ojo: Esta es la continuación de la serie “Atrévete a ser Feliz.” Para mayor beneficio, te exhorto a leer la reflexión anterior)
Get over it!! Ya no pienses más en lo que pudo ser y piensa en lo que puede ser. Imita a Dios. ¿Alguna vez Dios ha consultado tu pasado para determinar tu presente? Claro que no. No lo hagas tú tampoco.
Es más, la persona que vive anclada en su pasado es como el conductor que por el expressway va mirando solamente por el retrovisor. Tarde o temprano, su viaje terminara. Uno no puede estar pendiente de lo que va quedando atrás en el camino porque choca. Lo mismo sucede en nuestras vidas. Hay que mirar hacia adelante. Jesús nos regala una enseñanza inigualable en esta cuestión. Varias veces, aquellos que querían seguirlo le pedían que los dejara ir a hacer algo con su pasado. Pero Jesús claramente les dice que el que se queda atascado en el pasado no sirve para el reino de los cielos. “A otro le dijo: <Sígueme.> Este le contesto: <Deja que me vaya y pueda primero enterrar a mi padre.> Pero Jesús le dijo:< Deja que los muertos entierren a sus muertos; pero tu tienes que salir a anunciar el reino de Dios.> Otro le dijo: <Te seguiré, Señor, pero permíteme que me despida de los míos.> Jesús entonces le contesto: <Todo el que pone la mano en el arado y mira para atrás, no sirve para el reino de Dios.> (Lc. 9:59-61) Uno--deja que tu pasado ya muerto se entierre el mismo. Dos—no mires hacia atrás porque el surco que estás arando queda torcido. Y si no estás convencido todavía, pregúntate, ¿Es justo tratar a futuros novios basado en la experiencia desagradable del último?¿Es realista dejar de buscar trabajo en una compañía porque la última vez que aplicaste te rechazaron? ¿Es sabio dejar de sembrar porque la última cosecha la perdiste por la lluvia? ¿O dejar de manejar porque la última vez que fuiste a encender el carro no lo lograste? En la búsqueda de la felicidad se enfoca el lente de tu voluntad hacia adelante solamente.
“Ayer se fue. Mañana esta por venir. Solamente tenemos hoy. Comencemos.” Madre Teresa
Regla # 4 Vive una vida sencilla.
En la sencillez de la vida está la felicidad. Transita ligero o aléjate del materialismo porque las cosas tienden a hundir el alma de la misma manera que una masa de agua hunde a un barco si tiene las compuertas abiertas.
Reduce la velocidad de tu vida. Recuerda que no van bien los primeros si los de atrás corren bien.
Busca paz y serenidad en tu vida. Tacha todo lo que hay en tu “To do List” y escribe reunión con un grupo de amigos, ir a la playa, ver un atardecer, ir a misa, 5 minutos de silencio, conversación con Jesús. La paz te permite encontrarte a ti mismo. Es por eso que Robert J. Wicks dijo: “La semilla del gozo crece mejor en el campo de la paz.”
Reza. Se paciente contigo y con los demás.
Vive cada día. Nada vale más que el día de hoy. No tomes prestado los problemas del mañana hoy. (Mat. 6:34) No te apresures. Porque es solamente día a día que el hombre interior se va renovando. (2 Cor. 4:16)
Vuelvo y repito. Vuélvete niño. Abraza la infinidad de su pequeñez. Dicen que ningún viejo entrara en el reino de los cielos (estoy jugando). El Señor dijo: “para entrar en el reino de los cielos hay que convertirse en un niño.” ¿Por qué? Bueno porque el niño se deleita en las cosas de aquí y ahora, no en las cosas del futuro. Los niños ven cosas que nosotros no vemos porque estamos casi siempre muy ocupados. Para el niño, su papá es el hombre más grande del universo. Y su abuelo—el segundo. Para un niño, no hay límites en su imaginación. Si le entregas un traje de Superman y lo dejas—vuela. En resumen, su mundo es más grande. Sus maestros son los más grandes. Los demás saben más que ellos. Pero a medida que crecen, su mundo de gigantes decrece y su mundo de orgullo, de sábelo todo crece. Por eso es necesario hacerse pequeño para ver la grandeza de nuestro mundo exterior e interior.
Y esto también aplica a la humildad. Para ser feliz hay que ser humildes. Por eso, permíteme explicar la palabra humilde.
Primero con un ejemplo. Le destacaron a “Juan” su habilidad de pelotero. El respondió: “yo no soy un buen pelotero, yo sólo conecto 5 homeruns por juego. Eso no es humildad. Humildad sería si hubiera dicho “sí, y se lo debo a mi Creador.”
Humilde no es aquel que se deja pisotear, sirve más que nadie en cierta ocasión, se proclama menos que los demás, se culpa por los errores de los demás, se odia a si mismo, etc. Eso es ser idiota.
La humildad es la virtud que subraya nuestra propia verdad. Es el espejo que revela toda nuestra persona; no como aparecemos ante los ojos del mundo sino como aparecemos ante los ojos de Dios. Ser humilde implica que nuestros ojos reconozcan la necesidad de la luz de Cristo, que nuestra razón admita la necesidad de la fe, y que todo nuestro ser reconozca la necesidad de la guía de las leyes de Dios. (Sheen, 1999, p.39-41)
También, cuando uno es humilde su visión se acondiciona o se hace sensible a la infinita felicidad. En otras palabras, si un hombre se cree lo máximo, el mejor, el que se la sabe todas, o se cree infinito; pierde toda oportunidad de aprender cosas nuevas e importantes porque su cabeza está hinchada de si mismo. Al contrario, cuando un hombre reduce su ego a cero, puede descubrir cosas grandes. Para poder llenarte de la felicidad, necesitas vaciarte de ti mismo. El que se exalte será humillado. El que se humille será exaltado.
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