| Basta ya de excusas |
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| Written by Carlos Coello | |
| Tuesday, 23 October 2007 | |
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“De veras, no tengo tiempo.” “No puedo, este fin de semana viene mi tía, el otro tengo a unos amigos que llegan de mi tierra.” “Si supieras, estoy tan agobiado que me quedaría dormido si voy.” “Lo que pasa es que tengo mucho trabajo y encima de eso estoy haciendo overtime.” “Lo siento pero ese es uno de mis días libres y aprovecho para ver a mi novio.” “No puedo porque ahora yo voy al gimnasio ese día.” “No me lo vas a creer pero tengo una cantidad de proyectos en la escuela.” Todo, puras excusas.
Ahora, imagínense que el Señor nos pagara con la misma moneda.
Nosotros: Señor, tengo un examen dificilísimo. Ayúdame a retener toda la información.
El Señor: Ay mijo, no puedo porque tengo que ayudar a otra persona.
Nosotros: Señor, mi mamá está muy enferma. Ayúdala please.
El Señor: Ahora no tengo tiempo. Voy a una conferencia carismática.
Nosotros: Señor, me siento solo, abandonado, deprimido, agobiado. Por favor ayúdame.
El Señor: ¡Ay que pena me da! En estos momentos yo estoy tan cansado. Tú no te imaginas todas las oraciones que he escuchado y todos los problemas que he solucionado en este día.
Nosotros: Señor, déjame entrar en tu morada eterna y gozar de la vida eterna.
El Señor: Lo siento pero no recuerdo quién tu eres. Tu cara no me es familiar.
¿A quién le gustaría escuchar estas excusas de la boca del Señor cuando estemos con el agua hasta la nariz? ¡A nadie verdad! Pues aplícate el cuento. Evita la excusitis.
La excusitis es una enfermedad espiritual producto de una falta de conversión radical la cual poco a poco nos convierte en profesionales fabricando excusas a la hora de responder a un llamado. Andamos por la vida como el pájaro “sipero”. ¿Te gustaría venir al grupo? Si pero ahora no puedo. ¿Te gustaría ayudarnos en...? Si pero ese día llega mi amiga a visitarme. Siempre nos están invitando pero nunca tenemos tiempo para el Señor. Todo en el mundo es importante menos las cosas del Señor. Y lo triste es que no nos damos cuenta de lo serio que es andar fabricando excusas por la vida. No nos damos cuenta que estamos cambiando nuestro futuro, nuestra vida en la eternidad por excusas baratas que ni nosotros mismos las creemos. Lean detenidamente la siguiente lectura:
“En aquel tiempo, uno de los que estaban a la mesa con Jesús, le dijo:
«¡Dichoso el que pueda participar en el banquete del Reino de Dios!»
Jesús le respondió: Un hombre daba un gran banquete y convidó a muchos; a la hora del banquete mandó un criado a decir a los invitados:
“Vengan, que ya está todo preparado”.
Pero todos, uno tras otro, comenzaron a disculparse. El primero le dijo:
“He comprado un campo y necesito ir a verlo; te ruego que me disculpes”.
Otro dijo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego que me disculpes”.
Y otro dijo: “Acabo de casarme y, por tanto, no puedo ir”.
Volvió el criado y contó lo sucedido al amo. Entonces éste se enojó y dijo a su criado:
“Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y trae a mi casa a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos”. Más tarde el criado dijo:
“Señor, se hizo como mandaste, y todavía hay sitio”. Entonces el amo dijo:
“Sal a los caminos y a las veredas, e insísteles hasta que entren y se llene mi casa. Y les digo que ninguno de aquellos que habían sido invitados probará mi banquete” (Lucas 14, 15-24).
¿Se dan cuenta cuán seria es la cuestión? Jesús nos invita a través del grupo o cierta persona y nosotros preferimos rechazar la propuesta porque tenemos cosas más importantes que hacer. Con nuestra actitud perdemos la oportunidad de recibir sanación, liberación, perdón y fortaleza espiritual “su banquete.” Y fíjense cómo nos parecemos a los personajes de la parábola.
“He comprado un campo y necesito ir a verlo; te ruego que me disculpes”.
Aquí Jesús habla de los inversionistas, de aquellos que invierten parte de su tiempo y tesoro en las cosas mundanas y no en las cosas divinas donde la inversión perdura. Hablamos de la gente que invierte casi todo en su filosofía personal, carrera, afiliación política, entre otros.
“He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego que me disculpes”.
Aquí Jesús habla de los consumistas y materialistas, aquellos que priorizan un carro, una casa, efectos eléctricos, etc.
“Acabo de casarme y, por tanto, no puedo ir”.
Por último Jesús menciona a aquellas personas que endiosan y juran fidelidad a su pareja y rechazan a Dios.
Y aún más, no sólo vamos a perder la vida eterna que de por cierto lo es todo; sino que también recibiremos un pago aquí en la tierra porque el colocar una excusa antes de Dios te lleva a la idolatría, algo que Dios detesta. Idolatría es poner una excusa antes de Dios en la escala de valores de nuestra vida diaria.
El pueblo de Israel estuvo casi 40 años en el desierto por la idolatría ya que hicieron un becerro de oro para adorar mientras Moisés buscaba las instrucciones de guía que los llevarían a la tierra prometida, “su banquete”. El becerro de hoy se llama excusa y el desierto depresión, soledad, enfermedad, desamparo, miedo, etc.
Como ves, la excusitis no conduce a nada bueno, sólo conlleva a la idolatría. La idolatría nos separa de Dios y de su providencia. Y lo peor de todo, al final de nuestra vida, la excusitis nos cierra las puertas para participar en el banquete celestial, la vida eterna.
Espero que tú no seas uno de los que rechaza la invitación. Si ese es tu caso, la próxima vez cuando llegue la invitación, piensa bien si servirás o te excusarás. Todavía estás a tiempo. |
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| Last Updated ( Tuesday, 23 October 2007 ) |
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