| Ama a todos...sin excepción |
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| Written by Carlos Coello | |
| Sunday, 19 August 2007 | |
![]() Cuentan que un buen día, un hombre bastante mayor fue al dentista a ponerse una dentadura nueva. Después del procedimiento, el hombre quedó muy alegre y muy contento. De pronto se puso a escribir en un papel. El dentista al verlo le preguntó en tono jocoso si eso era la redacción de su testamento por los nombres. Y el hombre le dijo que no. Eso son los nombres de todas las personas que voy a morder!!! Empezando por mi nuera.
¿A cuántas personas has mordido o piensas morder? ¿O mejor dicho, a cuánta gente sigues mordiendo?
En el evangelio según San Mateo 5,43-48 leemos:
“Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.”
En otras palabras, ponte un bozal espiritual.
Interesante reto el que nos propone el Señor. Nada más y nada menos que amar a nuestros enemigos. ¡Qué difícil verdad!
Sin embargo, ¡todo es posible con Cristo!, ¿o no? Eso es lo que dice su palabra. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Fil. 4:13)
¿Entonces, cual es el problema? ¿Acaso no sabemos quién es nuestro enemigo? Nuestro enemigo no es nuestro hermano que por ignorancia o por maldad nos hace la vida casi imposible. Nuestro enemigo es Satanás. Ahora, en un modo humano como lo dice nuestro Señor, nuestro enemigo es aquel que no quiere nuestro bien.
Ampliando la definición, todos tenemos personas que por razones conocidas o ajenas no nos quieren. En lenguaje popular, nosotros no somos santos de su devoción. Eso es una realidad y siempre será así. Y esas personas son personas que nos envidian, que nos critican fuertemente, que nos calumnian, que nos traicionan, que nos desprecian, que nos maltratan, persiguen, nos ignoran, nos abusan, nos evitan, ect. En fin, nuestro enemigo es aquel que se convierte en un instrumento de Satanás para hacernos sufrir.
Entonces, ¿qué se puede hacer? La respuesta es fácil pero a su vez difícil de encarnar. Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores. ¡Ahí está la respuesta! Si pero, ¿Acaso el Señor sabe lo que es ser traicionado, despreciado, humillado, usado, ignorado o insultado…? En teoría suena muy lindo pero la realidad es diferente.
Hermano, sabes algo—Jesús sí sabe lo que es ser traicionado por sus amigos. Jesús sabe lo que es ser despreciado, humillado, insultado, etc. Y Él ante dicha situación levantó los ojos al cielo y dijo “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen.”
¡Tu también lo puedes hacer! Jesús no te pedirá que hagas nada que el no hizo. Y es más, ÉL mismo te dará Su gracia para que lo logres. Tú sólo tienes que decidir si lo vas hacer o no. Depende de ti.
Y esto implica también perdonar. Porque no se puede amar a un enemigo si primero no perdonas el mal que te ha hecho. Y es más, nos conviene porque los únicos que sufrimos cuando no perdonamos somos nosotros. Y el Señor no nos va a perdonar tampoco.
Entonces para qué complicarse más la vida. Yo propongo que perdonemos y amemos. Después de todo, qué sentido tiene la vida si las cosas fueran tan fáciles. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?
Hermanos, ser cristiano es caminar por el camino angosto. No hay atajos. O eres cristiano o eres pagano. ¿Qué dices, te animas? Esta es la única manera que podremos ser perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo. Amen.
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