| Génesis del amor humano. |
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| Written by Carlos Coello | |
| Monday, 30 January 2006 | |
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El mes de febrero tiene su comienzo en el jardín celestial del Edén, jardín del amor. Es allí que nacen las dos alas de la gloria humana: primero la amistad y luego el amor. Es allí donde se revela la primera definición divina del verdadero amor; no como lo presentan las poesías ni las novelas (en términos humanos) sino como lo designó Dios, con una naturaleza que mana de una realidad divina, de una comunión celestial.
La historia comienza así “...Interrumpiendo el paso sincronizado de la creación, entre un aire fresco, puro y divino que corría suavemente entre los árboles frondosos del Edén, de repente entra en la escena vestido de gloria y sencillez la imagen divina del creador, el hombre en todo su esplendor. Su gloriosa entrada deja estupefacto a una mariposa en pleno vuelo, la cual se detiene a contemplar la manifestación visible del amor escondida en la desnudez de un hombre y su semejanza al creador. Jamás se había visto creación igual...murmuraban las nubes... Horas más tarde, su reflexión en las cristalinas aguas del río se pronunciaba detalladamente…era un hombre sin manchas y sin fronteras; un hombre libre sin igual. Su cuerpo era el signo más vivo y visible del amor, el testigo por excelencia de su misión...Hay una pausa...De pronto de los jardines celestiales se oye una voz, la voz del creador: <> (Gen. 2:18). Acto seguido, luego de un día agotador, el. Mas si había visto como durante el día y la noche las bestias del campo se comunicaban entre si, lo que parecía un cariño y amor único, algo que el comenzó a desear. ¡Qué maravilloso!
Al día siguiente, este hombre se despertó luego de una larga noche de meditación. Tal vez esa fue la noche más estremecida del Edén ya que sus pensamientos y el deseo de su corazón en el silencio de la noche crearon ondas de ruido como estallidos de bombas. Ya no aguantaba más. Ya no podía con su soledad. Anhelaba con prisa proyectar en su máxima expresión, su amor a través de su cuerpo…por lo que su Creador se compadece.
“Entonces Yahvé hizo caer en un profundo sueño al hombre y este se durmió. Y le sacó una de sus costillas, tapando el hueco con carne. De la costilla que Yahvé había sacado al hombre, formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces el hombre exclamó: "Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada varona, porque del varón ha sido tomada.” (Gen, 2:21-23)
Y cierra el día en una nota de admiración y regocijo. Entre preguntas y respuestas, nace la primera amistad humana, base de apoyo del amor....”
De la poesía a la realidad
Aunque esta historia tiene su toque poético, es cierta en sus ideas centrales. Desde el comienzo, el amor se define en una serie de pasos. El plan original para la humanidad era bueno, perfecto, glorioso, y abarcaba lo necesario para mantener al hombre y a la mujer en la comunión perfecta del amor por los siglos. Prueba de lo mismo la encontramos en la relación entre este hombre y su mujer, o si prefieren le pueden llamar pre-Adán y pre-Eva. Solo imagínense cómo eran sus vidas antes de pecar. Sus conversaciones eran puras e inocentes. Había una compenetración increíble. Ambos eran mejores amigos. Pensaban casi igual. Compartían todo. Dormían juntos. Se bañaban juntos. En resumen, se amaban a plenitud con amor divino. Pero lo más bello de todo era su lenguaje de pureza, la desnudez que ambos compartían. Hasta que entra el pecado en la escena y todo se pervierte, se distorsiona. Desde ese momento, se manchan sus miradas. Se corren las sonrisas de sus labios. Se generan pensamientos de resentimiento, odio, y venganza, sentimientos humanos que hoy día se siguen experimentando. Fue en el Edén que el mundo experimentó la perversión más atroz de la virtud más grande de todas, el amor. Y pudiéramos estar peor si Cristo no hubiera venido a restaurar la distorsión del amor por el pecado. Su venida abrió de nuevo la puerta para entrar una vez más al escenario original aunque todavía no se haya restablecido el amor a plenitud. En otras palabras, Jesús vino a cambiar la palabra pasión desenfrenada y la lujuria, por la palabra ágape-amor. Ya no somos pájaros de una sólo ala como éramos hace más de dos mil años. Después de la resurrección, aprendimos nuevamente a volar.
(Enseñanza basada en el libro “Teología del cuerpo (por Juan Pablo II) para principiantes” por Christopher West .) |
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| Last Updated ( Saturday, 09 February 2008 ) |
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