| Escalando el Monte Everest |
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| Written by Carlos Coello | |
| Monday, 20 February 2006 | |
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Es el deseo único de aquellos que escalan el Monte Everest reclamar la cumbre, un signo de victoria. Una vez logrado, admiración y reconocimiento es su recompensa. Sin embargo, el espectador ve solo el final, no el camino. ¿Te gustaría escalarla? O mejor, ¿te atreves a subirla?Quizás, tu primera reacción sea "sí" ya que el premio es extremadamente tentador para un gran atleta. No obstante, una palabra de precaución se debe unir a la salida. Es necesario que el atleta conozca que no es un viaje fácil, aunque lo parezca. .......
......Como todo buen aventurero, necesitamos una dócil de aliento para el arranque. Esta pudiera ser la bandera de la victoria, historias de aquellos que lo han logrado, o un simple video de la jornada en progreso. Mas sin embargo, por ahora solo piensa, por ejemplo, en la bandera de la victoria que ondea majestuosamente. Te comunico que no llego a la cumbre en helicóptero. Le tomo al atleta, determinación, esfuerzo, amor, constancia, prudencia, y fe para gritar "lo logre." Y su pago fue la sensación de alegría y logro. La tuya sería diferente pero también enriquecedora. Vuelvo y te repito ¿Te atreves? Si la respuesta es si, entonces no hablemos más y ¡comencemos!
La mañana siguiente (día 2), son los rayos del sol los que la despiertan. Mariposas saludan a la princesa. Y aunque el saludo del día es espectacular, es el beso de una de estas criaturas creadas por Dios lo que le da fuerza e inspiración... A más de medio camino de jornada, un paisaje hermoso cautiva su atención. Es indescriptible. A lo lejos, un águila se eleva bajo la protección del gran Dios. El pájaro simboliza la libertad. Un pensamiento rápido se apodera de su mente. En menos de diez segundos, ella se transforma en esa águila.
El próximo día, (día 3) un erizo le trae una manzana entre sus espinas. Ella se ríe, recordando “an apple a day keeps the doctor away” (una manzana al día mantiene a uno saludable). Después de dos horas de estar subiendo con dificultad, se cae en un hueco. Esta herida. Un ciervo o venado viene al rescate. El ciervo baja la cabeza, ella se sujeta de su larga cornamenta. Él la saca. Es la amistad de ambas criaturas lo que produce el milagro de amor. Ella continúa.
El día siguiente (Día 4), es frío y húmedo. Su respiración parece desaparecer según va ganando altura. Ella mira hacia arriba y pronuncia una oración. Pide más fuerza y valor. El viaje se ha coloreado con el color de la preocupación. Es en la niebla de esta circunstancia desfavorable que ella ve pequeñas flores amarillas dirigiéndose hacia el cielo. Acercándose, pisa una pequeña liebre, a la cual lastima. Sus gritos de dolor hieren hasta las piedras. Aún, apenas dos minutos después de haberse ocultado entre las piedras, el pequeño animalito sale y con la suavidad del amor la besa en la mejilla. Junto al beso la fragancia de una rosa se alza con majestuosidad. El talón de la joven la había triturado mientras saltaba entre ellas debido al previo incidente con la pequeña liebre. Se dio cuenta del mensaje y con tono de agradecimiento exclama: "Gracias Dios, tu maravillosa criatura me ha perdonado." El viento murmuró: El perdón es la fragancia que derrama la rosa sobre el talón que la ha pisoteado. El día cierra en una nota de amor.
El día siguiente (día 6), sigue siendo una extensión del anterior, pero trae la alegría de la esperanza-el viaje se está acabando. Cansancio, dificultades, y la preocupación están a punto de ser cosas del pasado. Sin embargo, otra prueba surge. Ésta es la de tomar una decisión, quizás la más importante de todas. Viene en la forma de una pregunta. ¿Reclamarías la cumbre de la montaña o no? Al principio, suena absurdo ya que está a solo un paso de ella. Pero la pregunta es la manifestación de una frágil y estropeada voluntad. Está tan cansada que la posibilidad de elegir la victoria podría terminar en cualquier momento. Está confundida, pero elige acabar (una mirada de apoyo y consuelo del vendado la inspira).
Ya es el séptimo día (día 7) de la jornada y finalmente la sonrisa del éxito se asoma en su rostro. Ha sido un largo y arduo viaje. Mañanas de dificultad fueron su desayuno. Noches de terror y frialdad se convirtieron en sus comidas. Ya todo terminó. Ha alcanzado el tope. La palabra majestad es la más cercana descripción para describir la vista de la cima de la montaña. Se arrodilla y susurra palabras que el viento se lleva. Ha encontrado su destino. Sale volando con alegría en forma de mariposa.
No hay audiencia para aplaudir su logro, pero dos distinguidas invitados lo notan. Es el amor y la esperanza. Ambos luego de presenciarlo todo bajan junto para acompañar a la próxima soñadora. Por el camino, algo les cautiva la atención. En la corteza de un árbol decía: "Gracias Señor por tu misericordia y generosidad. Gracias por mandarme un amigo, novio, esposo cuyas virtudes son nada más que lo que tú has depositado en su alma. Gracias por enviarme alguien quien me ha guiado hacia una relación amorosa contigo. Gracias por permitirme experimentar el verdadero amor. Gracias." Estas son las palabras que el viento se llevó y que quedaron grabadas en el árbol de la historia. (Esta reflexión es propiedad de Jóvenes Voceros de Cristo y solo puede ser reproducida si se especifica el autor y la fuente que lo contiene) |
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| Last Updated ( Monday, 20 February 2006 ) |
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