| Homenaje a todas las madres |
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| Written by Carlos Coello | |
| Monday, 07 May 2007 | |
A mi entender, Dios, nuestro creador, se lució en toda la extensión de la palabra al dotar a la mujer con tan gran dicha y bendición—el ser madre. Sin embargo, hoy en día cualquiera dice esa palabra tan pequeñita pero no cualquiera lo es. El título de madre sólo pertenece a aquellas mujeres que lo han dado el todo por el todo, quienes con su amor semejante al de Dios han movido montañas por sus pequeños.
A esas mujeres de estaturas inmensas, hoy a sus pies derramo mi gratitud y admiración y aprovecho la oportunidad para rendirles honor y tributo. Como puertas de amor, nos dieron la bienvenida al mundo. Durante nueve meses, cargaron nuestros cuerpos indefensos y dependientes. Cuando nacimos, nos recibieron con una sonrisa, todo el cariño del mundo, y una devoción sincera. Nos cubrieron con su calor y nos amamantaron para fortalecernos y presentarnos al mundo. Ustedes se convirtieron en nuestro punto de partida.
Luego, como fuentes inagotables de educación y de apoyo, nos educaron y nos adiestraron en la moral y en las ciencias, en la fe, el tomar decisiones y lidiar con nuestras emociones. Sin duda, todo lo hicieron siendo dulces como la miel, puras y limpias como el manantial y refrescantes como el oasis en el desierto. También nos enseñan día a día a amar, perdonar, olvidar y pensar. Su increíble y grandiosa capacidad para enfrentar las situaciones difíciles de la vida nos inspiran diariamente.
Lo mismo son fuego que rocío. En la mañana, sus besos nos despiertan y sus desayunos nos llenan de vigor. Y si alguien se atreve a herirnos como bolas de fuegos que arrasan con todo en su paso nos defienden sin claudicar. En el día son sol y en la noche luna en nuestros cielos.
Gracias a ustedes, nunca conocimos ni el hambre ni el frío. Ustedes han sido nuestro calor y sustento.
Ante el peligro, nuestro escudo de hierro.
Ante la incertidumbre, la certeza.
Ante el miedo, seguridad.
Ante el agobio, descanso.
Ante el desespero, aliento.
Ante lágrimas, un pañuelo.
Ante la ignorancia, sabiduría.
Ante el pecado, corrección.
Ante la distancia, cercanía.
Ante la sed, un pozo.
Ante las penas, aliada.
Ante la indecisión, camino.
Ante el dolor, alegría.
Ante la fragilidad, fortaleza.
Ante la oscuridad, lámpara.
Ante la prisa, calma.
Y ante la vida, guía.
¿Que sería el mundo sin ustedes? Tal vez un jardín sin rosas, un campo sin lirios, un día sin sol, una noche sin luna, una flor sin pétalos, un árbol sin hojas, un pozo sin agua, o un pájaro sin alas. Sin ti, madre querida, qué hogar tendría calor y qué cara sonreiría. Sin ti, qué escuela tendría niños y qué ciudad estaría poblada; qué llanto tendría consuelo, qué pena solución, qué amenaza tranquilidad.
Comenzaste como sustantivo y hoy eres un verbo. Eres un continuo derrame de amor que cubre la más mínima necesidad humana. No en balde el Señnor decidió abrazar la creación a través de una criatura como tú porque no hay mejores manos que las tuyas, no hay mejor aliento que tu palabra, mejor protección que tu presencia, ni mejor caricia que tu dulzura. Me caí y me levantaste. Me lastimé y me curaste. Estuve solo y me acompañaste. Intranquilo y me diste paz.
¡OH, madre, cuánto te debemos! Ni ahora ni nunca nos cansaremos de resaltar tu grandeza. ¿Acaso no fueron tus senos los que me amamantaron? Y aun más importante, ¿acaso no fuiste tú la que me enseñó amar? Por fin, hoy entendemos a plenitud el siguiente pasaje de la Biblia el cual hemos visto encarnarse en tus manos, mirada, protección, y cariño de madre. <
¡OH madre! Sufro porque ya en mi último intento no encuentro una definición más adecuada para describirte. Sólo me queda unirme a todos aquellos que al igual que yo celebran tu aporte generoso y desinteresado y en una voz te decimos Gracias. Gracias por haber sacrificado tanto. Gracias por darnos tus mejores años de vida y por haberte desvelado en las noches. Gracias porque por tu trabajo nunca recibiste ni pago, ni vacación, ni recibirás jubilación. Tu trabajo fue y es interminable. Nunca tu intención fue la búsqueda de promoción o halagos. Nunca tu respuesta fue la demora ni el rendirse. Gracias Madre.
Doy gracias al Señor por la maternidad de la mujer. Estamos muy orgullosos y contentos de ti.
Felicidades Mamá
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| Last Updated ( Tuesday, 08 May 2007 ) |
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