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Vivir la misa a plenitud,
entender la palabra de Cristo con
claridad y saberla aplicar
correctamente en la vida cotidiana.
Vivir para el prójimo olvidándose
uno de si mismo. Servir con
generosidad y gozo y ser un ejemplo
vivo para tu comunidad son sin duda
metas espirituales que nos
proponemos todos los católicos
practicantes. ¿Pero cuanto grado de
realidad existe en estas metas? ¿Son
acaso alcanzables estas aspiraciones
espirituales en el mundo en que
vivimos hoy? ¿OH son estas metas
espirituales simplemente
aspiraciones históricas, cosas
del
tiempo de los
santos
como
San Francisco de Asís u otros?
Aunque no lo creas, estas metas si
son alcanzables. Todo depende de ti.
Para ilustrar dicha propuesta,
viajemos con nuestra imaginación a
un desierto. En el desierto, todo
arde envuelto en brasas de vapor que
reducen su vegetación y su fauna a
un número pequeño de especies. Lo
que mas abunda
es la hierba mala y los cactus. El
agua escasea. El piso es árido y
seco. Llueve muy poco. En fin, la
vida es bien hostil. Sin embargo, en
ciertos lugares, hay vegetación que
produce buena y fresca sombra y a su
vez alimenta a muchos animalitos.
Esta vegetación existe gracias a las
pequeñas piscinas u oasis de agua
que son los que generan esa vida,
color, y belleza, cancelando con
elegancia y alegría la aridez del
lugar. No es fácil para estos
animalitos y plantas vivir en este
lugar pero tampoco es imposible.
Así
sucede en el reino humano. Vivimos
en un mundo árido en medio de tantas
propuestas de idolatría, guerras,
odio, muerte, infidelidad,
subjetivismo, materialismo, falta de
caridad y de justicia. Y mientras
mas nos alejamos de la fuente, más
árido se convierte el terreno.
Parece imposible vivir
cristianamente, estar verdecitos y
frondosos. Pero no lo es. Si nos
acercamos a la fuente, seremos como
los árboles plantados cerca del río.
Regresando
a la ilustración del desierto, el
oasis de agua puede enseñarnos una
gran lección porque a pesar de la
sequía continua del desierto, muy
generosamente esta piscina se
convierte en el centro y eje de toda
la vida en este lugar árido. Para
vivir, los animalitos y las plantas
necesitan del agua que ella
contiene. Sin esa agua, el desierto
se convertiría en un cementerio
total.
Nosotros
también como esos animalitos y
plantas necesitamos de un agua
espiritual, como la que le pidió la
mujer samaritana a Cristo “…Señor,
dame de esa agua…” (Juan 4:15). Tal
vez, como ella pensamos que es
imposible vivir fielmente al
evangelio. Ella había tenido varios
maridos y el actual no era su esposo
(Juan 4:18). Sin embargo, ella cae
en cuenta y le pide a Cristo de
beber de esa agua que genera vida.
Para nosotros esa agua es el cuerpo
y la sangre de Cristo, agua de vida
que nos sacia toda sed (Juan
6:41-51).
¿Estamos
nosotros bebiendo de esa agua de
vida? ¿Estamos nosotros recurriendo
a la adoración eucarística?
Hermanos y
hermanas, tenemos una fuente de agua
cristalina y pura disponible día a
día en la misa diaria y extendida
7/24 en el Santísimo. ¿Si estamos
sedientos (y todos lo estamos porque
siempre andamos buscando algo), por
que no vamos a beber de esa fuente?
¡No sabes que esa fuente tiene un
valor espiritual increíble! ¡No
sabes que el recibir su cuerpo o
estar en su presencia santa sana,
libera, te llena de sabiduría para
enfrentar problemas, te llena de
amor y de fortaleza para poder vivir
cristianamente en medio del desierto
en que vivimos! Entonces, haz como
la mujer samaritana. O imita a los
discípulos de Emaus quienes dijeron:
“Quédate con nosotros Señor (Lucas
24:35).”
Hermanos y
hermanas, por favor, no
desaprovechemos la oportunidad que
brinda la misa diaria y la adoración
eucarística. La eucaristía y la hora
santa son los medios que necesitamos
para poder sobrevivir como el cactus
en el desierto. Dedica una hora de
tu tiempo todas las semanas en
adoración eucarística y veras
grandes cambios en tu vida. Serás
como “un arbol plantado junto al rio:
da fruto a su tiempo y sus hojas no
se marchitan...”
(Salmo 1:3).
También te aseguro que podrás
alcanzar todas las aspiraciones
espirituales mencionadas
anteriormente y muchisimo
más.
Entonces, el desierto de tu corazón
se convertirá en un oasis de vida. |