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Written by
Manuel Riveron
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Wednesday, 13 June 2007 |
Nuestra fe católica,
fundada en los apóstoles con
Pedro a la cabeza nos dice que
Jesucristo es Dios y hombre. El
Dios con nosotros hecho hombre.
Dos naturalezas pero una sola
persona, la segunda persona de
la Santísima Trinidad.
Jesucristo siempre nos ha dicho que
todo pecado, todo mal, todo deseo
pecaminoso, brotan del corazón de
todo hombre y mujer. Lo mismo brotan
del corazón toda misericordia,
compasión, y amor. Es a nivel del
pecho humano que los sentimientos
buenos y malos nos mueven a actuar.
La voluntad libre es la que lleva a
materializar o no el sentimiento que
sentimos.
El corazón de Jesús
fue traspasado por una lanza
tras su muerte física en la cruz.
De su corazón brotaron agua y
sangre. Jesús resucitó
totalmente. Su naturaleza Divina
y su cuerpo humano glorioso, con
todos sus órganos resucitaron.
Su poder divino lo transforma en
lo que es Él, eterno, fuera de
toda ley humana, de toda
propiedad fisiológica y/o
natural a la cual estamos
sometidos. Durante la historia
de su Iglesia , nos ha mostrado
cuanto nos ama y todo el amor
que de su pecho brota, nos
muestra su corazón.
El corazón se hizo
con la función de impulsar la
sangre en el cuerpo humano. La
sangre tiene que correr por las
arterias y venas del cuerpo.
Cuando sentimos decimos que es
nuestro corazón el que así lo
dicta. Pero cuando el corazón se
enferma y deja de funcionar, hay
que sacarlo y poner otro—a
través de un transplante.
Somos seres
compuestos de cuerpo físico y
espíritu (alma). Esto último no
puede ser transplantado a otro
cuerpo por el ser humano. Es
único y nos da autenticidad.
Pero seguimos
sintiendo y así lo comprendemos
con el corazón y hacia el
queremos llevar a todos aquellos
que amamos en un abrazo fraterno,
de amistad, o familiar. En el se
conjuga el amor.
El viernes 23 de
Junio, la Iglesia universal
festeja el Sagrado Corazón de
Jesús. Es una fiesta de amor.
Jesús nos revela su corazón
humano y el amor de su Padre por
nosotros. Y en la imagen que
Jesús le dijo a Sor Faustina que
dibujara, una vez más Jesús
muestra su gran amor en un mar
de misericordia, un amor
insondable, inmenso y que no
tiene fin.
Qué grande es el
corazón de Dios, el de Jesús.
Gracias Jesús por amarnos con un
corazón igual al nuestro, pero
rico en perdón. Refúgianos en tu
corazón. Perdona a todos
aquellos que lastiman tu corazón
con las indeferencias, con
nuestros pecados, blasfemias,
injurias...etc.
Sagrado corazón de
Jesús, en ti confiamos. Amen
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