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Mi
recompensa será inmensa
Written by Carlos Coello
Saturday, 03 February 2007
En la reflexión anterior, el panorama del
sacrificio parecía inmenso y difícil de
llevar a cabo. “Si alguno quiere seguirme y
no me prefiere a su padre y a su madre, a su
esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus
hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser
mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me
sigue, no puede ser mi discípulo.” (Lucas
14, 26-28).
“No es fácil” dirían los cubanos. ¿Pero,
saben qué? Tampoco es imposible. Lo hizo
Jesús. Lo hizo Madre Teresa y lo hizo el
papa Juan Pablo II quien perdió a su mamá
cuando era pequeño, luego a sus hermanos(as)
y por último a su papá antes de los 20 años;
sin embargo, con la ayuda del Señor, logró
la plenitud de su llamado manteniéndose
firme y fiel hasta su último aliento. Tú
también lo puedes hacer, sólo necesitas el
deseo de servirle y verás qué grande es tu
paga.
Estoy seguro que los ejemplos anteriores son
bien motivadores pero de vez en cuando
nosotros necesitamos un poquito mas de
motivación, un empujoncito más fuerte. Y
Jesús lo entiende. Por eso El colma su
palabra con energía y entusiasmo.
Por ejemplo, en el evangelio de San Marcos
encontramos un texto paralelo al texto
anterior de San Lucas. Yo creo que el Señor
lo colocó allí para darnos ese empujoncito
extra que todos necesitamos.
“Pedro le dijo entonces:
--Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos
seguido.
--Jesús respondió:
--Les aseguro que todo aquel que haya dejado
casa o hermanos o hermanas o madre o padre o
hijos o tierras por mi y por la buena
noticia, recibirá en el tiempo presente cien
veces más en casas, hermanos, hermanas,
madres, hijos y tierras, aunque con
persecuciones; y en el mundo futuro la vida
eterna. Hay muchos primeros que serán
últimos y muchos últimos que serán primeros.”
(Marcos 10:28-31)
Wow!!! Yo creo que no hay motivación más
grande que esta. Y una vez más me acuerdo de
Juan Pablo II. Mientras crecía, Juan Pablo
lo perdió todo, en lo que se refiere a
familia. Luego cuando Polonia fue prisionera
de los rusos y de los Nazis, perdió su casa
y la libertad de hacer muchas cosas porque
tenía que vivir escondido y con lo mínimo,
tal vez hasta pasó hambre. Sin embargo llegó
a recibir el honor de su puesto porque Jesús
lo probó en lo poco y vio que era fiel, así
que le permitió vivir en la casa papal, ser
bien atendido, lo colmó de una gran
sabiduría, le permitió viajar y llevar el
evangelio al mundo entero, todos lo querían,
admiraban y respetaban “Juan Pablo II...te
quiere todo el mundo,” cantaban en Cuba
cuando fue de visita.
Y lo mismo puede suceder contigo. El único
requisito es que te sacrifiques. Que te
duela. Que quedes crucificado. Que aunque
tengas mucho trabajo en tu centro laboral...aun
así cumple con tus obligaciones. Que aunque
llegaste tarde a casa y estás super cansada/o,
que le dediques un tiempo a Jesús. Que
aunque tengas ganas de ver la novela o tu
programa favorito, si tienes una
responsabilidad pendiente con Jesús, te
levantes y la cumplas. Que aun cuando no
tengas transporte, estés dispuesto a
utilizar tus pies; cuando no tengas
información, salgas a buscarla; cuando
parezca que NO hay tiempo, hazlo; si te
sientes algo indispuesto, ofrécele el
padecimiento al Señor y sigue, no te
detengas.
Yo se que a simple vista es un sacrificio
inmenso, pareciera intransigente y hasta
incluso insensible, pero esas son las
exigencias del amor, a eso nos llama Cristo.
Si no hay sacrificio, lo que estamos
haciendo es trabajo social y no
evangelización. Para evangelizar hay que
sacrificar. La única manera de ganar “en el
tiempo presente cien veces más en casas,
hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras...
y en el mundo futuro la vida eterna,” es si
alguien deja a “su padre y a su madre, a su
esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus
hermanas, más aún, a sí mismo.”
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