La
felicidad es un estado continuo
voluntario
donde la persona que opta por
vivirla, disfruta de sus
bendiciones y a la vez corre por
sus senderos con tranquilidad,
inspirado, lleno de sueños, y
con más ganas de vivir la vida.
La felicidad es una actitud. Es
un caminar bajo la sombra del
altísimo; no es un destino. La
felicidad es una forma de hablar,
respirar, escuchar o sonreír
diferente. Es un reto. La
felicidad también es un decreto
divino para todo hombre de Dios.
No tiene límites ni dueño. Es
universal, o si prefieres,
accesible a todos los hombres.
Ningún gobierno te la puede dar
ni quitar. Los gobiernos solo
pueden confirmar este privilegio
con leyes. Es por eso que en la
declaración de la independencia
de los Estados Unidos dice: “...todos
los hombres fueron creados
iguales, todos han sido dotado
con derechos irrevocables como
son el derecho a la vida,
libertad, y la búsqueda de la
felicidad.” (Folleto, The
Constitution of the US, p. 35).
La felicidad es un agente
independiente. En otras palabras,
la felicidad es independiente de
profesiones, gustos, carreras,
personas, o cosas. No es un
sentimiento; ojo con esto. O
sea, esto no es cuestión de
sentirse bien, cool o happy.
No
es fugaz ni momentánea. Yo se
que el paso de la sociedad de
hoy es acelerado pero la
felicidad no se construye en una
noche o en una semana. Es el
firme compromiso de una vida
entera.
La
felicidad no es la ausencia de
problemas. Muchos creen que si
uno tuviera los hijos con
títulos, la casa paga, el carro
pago, y un buen retiro serían
felices. Pues no es así. Les
cuento la historia de Ralph
Barton, el hombre que inventó la
tira cómica de Popeyes el marino.
Este hombre era multimillonario.
El andaba con un maletín de
gaceta en gaceta o de periódico
en periódico recogiendo los
millones que le producían sus
derechos de creador. Pero un día
se suicidó. En su carta de
suicidio decía algo así… “He
tenido todo lo que yo he querido
en la vida. Si quería una pizza
de 20 metros, me la mandaba
hacer. Si quería una piscina
dentro de la casa la construía.
Un avión a mi antojo también lo
tenía. Si quería el carro de una
exposición, hasta con modelo y
todo lo compraba…” Y sin embargo
se mató.
La
felicidad no es tangible ni se
encuentra allí o allá sino que
está dentro de ti.
La
felicidad tampoco es color de
oro, ni color de plata. Es color
de conformidad. Si eres alegre
con lo poco que tienes, eres
feliz.
¿Eres tu feliz?
Cualidades de un hombre feliz
Esta es la parte que me gusta a
mí. Dejemos que sea el mismo
Jesús el que nos los proclame
con un poderoso sermón, el
famoso sermón de las
bienaventuranzas. Y que
Diosualidad (no casualidad) que
nos lo presenta desde la misma
montaña que Moisés hablo cuando
recibió los mandamientos, las
reglas de la felicidad en aquel
entonces.
Dice así: <> (Mat. 5: 3-12)
Expliquemos rapidito lo que esto
significa. La primera cualidad
es ser “pobre de espíritu”. Esto
se refiere al hombre humilde. El
pobre al no tener depende de
Dios y por ende no respira el
oxígeno cargado de orgullo que
respira el rico. El pobre es
solidario y comparte con su
vecino lo poco que tiene. Es
servicial.
La
segunda cualidad es ser parte de
los “que lloran” o los que
consuelan. Los que lloran son
aquellos que carecen de alegría
mundana, los que ven el dolor y
la miseria del mundo y les
desgarra el corazón, los que
sufren por las injusticias, los
que son rechazados y
discriminados. Este tipo de
hombre no está atado a la
materia y busca la justicia
divina. Esto hace que Dios se
complazca en bendecirlo y
levantarlo por encima de los
desafíos.
La
tercera cualidad es la paciencia,
ser “pacientes” o mansos. O sea,
los hombres que son pacientes
son los que son capaces de ver
las soluciones con claridad.
También aman y todos los aman,
atraen a las personas como imán.
La
cuarta cualidad es tener “hambre
y sed de justicia.” El hombre
justo acepta los designios de
Dios. El hombre justo trabaja
por los derechos de los hombres.
Su paga es una misericordia
continua con sabor a
entendimiento y prosperidad.
¿Posees alguna de las
cualidades anteriormente
mencionadas?
La
quinta cualidad es ser
“compasivo” o misericordioso. La
palabra misericordia viene de la
palabra misericordare o sea
significa “dar el corazón al
pobre.” Dios da en abundancia al
que sabe dar (Siracides
35:9-10).
La
sexta cualidad es tener un
“corazón limpio” o puro. Pureza
de corazón no es más que
pensamientos y deseos dirigidos
a la edificación del prójimo.
Recompensa: Dios pensará en cómo
ayudarte.
La
séptima cualidad es ser hombre
que “trabaja por la paz”. Aquí
la lógica es clave. Para dar paz
hay que tener paz. Si no te
habías dado cuenta, la depresión
es un grito desesperado de un
alma atormentada. El alma que
goza de paz es feliz como el
águila. Lo contrario sería estar
deprimido, infeliz.
La
octava cualidad es ser “perseguido.”
Esto lo entienden bien los que
en países comunistas han sufrido
el odio y la opresión de ser
Católico o de creer en Dios.
Ahora bien, cómo ayuda esto: Muy
fácil, la prueba produce
paciencia, la paciencia amor, y
el amor la felicidad.
Para el hombre que transita por
los caminos opuestos, lo
mencionado anteriormente es
absurdo e incomprensible. Cómo
puede uno ser feliz y a la vez
sufrir. La clave está en que el
sufrimiento es temporal. Pero el
sufrimiento de aquel que busca
la felicidad en lo equivocado es
continuo, aquí y en la vida
siguiente.
¿Eres
tu una de esas personas?
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