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Amigo que nunca falla

     

Written by Carlos Coello   

Sunday, 29 January 2006

 

 

El comienzo de cada amistad tiene sus raíces en lo desconocido pero a medida que pasa el tiempo, esas raíces se convierten en un árbol robusto, símbolo de una amistad sólida y profunda donde la necesidad se desvanece y la vida se enriquece…

“Quien ha encontrado un amigo ha encontrado un tesoro.” (Eclesiástico 6:36).

Así leía Daniel mientras iba camino al trabajo en el autobús. Ambas frases pertenecían a su libro titulado Un Verdadero amigo.

 
Daniel era un joven que tenía muy pocos amigos…más bien tenía algunos “conocidos.” De ellos sólo sabía su nombre y la posición en la compañía donde trabajaba. Sus “conocidos” salían con él, iban a la misma escuela, jugaban deportes, se llamaban por teléfono, pero nunca la conversación tomaba un tono profundo como exponía elocuentemente y con certitud el autor de dicho libro.
 
Pero un buen día Daniel, cansado de no tener un verdadero amigo, se propuso salir a buscarlo. Pero pasaron dos semanas y con el tiempo, también pasó el tema, la búsqueda, y se olvidó de todo. Pareciera haber sido simplemente un arranque emocional.
 
Volvió a pasar el tiempo y un lunes, luego de haber comenzado su jornada laboral, fue presentado a un nuevo compañero de trabajo. Ya había escuchado algunos comentarios que se habían hecho respecto al comportamiento de este joven. Por ejemplo, unos rumoraban que era callado, de mirada profunda, y muy agradable; otros mal interpretaban su silencio para acusarlo de zorro o de agente incubierto para delatar a los que no trabajaran. A pesar de la diversidad de comentarios, algo sí era cierto: este joven tenía algo diferente. Y lo comprobó tres semanas luego de haber comenzado su empleo ya que había conquistado el corazón y la confianza de muchos excepto la de Daniel quien creía que era otro más del montón, o a lo mejor una ovejita vestida de lobo. Por eso cuando el muchacho se acercaba, Daniel se alejaba. Esto era producto de las malas experiencias que había acumulado durante su vida cada vez que ofrecía su amistad.
 
Un día, Daniel se enfermó. Pasaron 7 días y pocos fueron los que notaron su ausencia. Entre esos estaba este nuevo chico. De alguna manera, el chico averiguó la dirección de su casa y lo visitó. Aprovechó el viaje y trajo consigo el horario de trabajo y sus dulces preferidos. Daniel quedó anonadado. Pero la relación quedó igual que antes. Acto seguido, Daniel se recuperó y se incorporó a su trabajo...
 
En otra ocasión se le descompuso el carro y pidió un aventón (o ride) a tres de sus compañeros de trabajo pero todos estaban apurados o tenían compromisos y no podían. El chico se dio cuenta de lo que estaba sucediendo y se ofreció para llevarlo a su casa. Mientras tanto, aun Daniel no entendía el por qué de tanta amabilidad, tanto servicio, tanta ayuda, a pesar de sus rechazos y su indiferencia.
Por otro lado la pobreza se agudizaba y la necesidad crecía como la espuma en casa de Daniel. Su mamá estaba muy enferma y no podía trabajar. Su papá se había marchado cuando apenas tenía 9 años, dejándolos a el y a su hermano solos. Su hermano era menor de edad y no podía trabajar. Sólo había un sueldo para mantener la casa, cubrir los gastos, comprar comida, medicinas, y otras cosas. Daniel trabajaba 40 horas y estudiaba tiempo y medio en la escuela. Producto de tan difícil situación, el dinero no le alcanzaba ni para comer y al enterarse de esto, el joven del trabajo le envió un sobre anónimo con dinero, que los ayudo grandemente en la economía. Pero…por otro lado, mientras transcurría el tiempo, la enfermedad de su mami se agudizaba hasta que llegó al punto de la hospitalización. Daniel se sentía fatal, las fuerzas le flaqueaban, ya no podía más.
 
En el hospital, frente al reloj que le sirvió de testigo, el joven Daniel lloraba y con su mirada pedía socorro a gritos. De pronto, luego de cabecear varias veces y haberse rendido al cansancio por algunos minutos, notó al pie de la cama de su madre, una figura que la acariciaba. Cuando despertó y pudo ver con claridad, se percató que era el chico del trabajo que sonriendo le decía: <>Confundido, agobiado, y en medio de asombro se fue a descansar. Al día siguiente, al entrar por la puerta del cuarto, Daniel se encuentra al chico, quien había rezado toda la noche, aun orando por la pronta recuperación de su madre. La escena lo conmovió mucho.
 
Días después le dan el alta a la mamá y Daniel estaba muy feliz. Ya podía dormir en paz. Camino a su habitación, pensando que ya el día había cerrado con broche de oro, tropieza con una mesa y cae el libro Un verdadero amigo en el suelo. Lo recoge y al levantarlo del piso quedó abierto en la página 47 donde la frase siguiente resaltaba<<...El amigo sostiene en la tormenta; siempre está a tu lado en los momentos mas difíciles...>>. Daniel cayó en sí, cerró el libro y corrió a abrazar al chico Josué. Entonces le dijo: << ¿Tú quieres ser mi amigo?>> El joven Josué sonrió y acepto. Desde entonces, donde va Daniel va su amigo.
 
¿Te gustaría encontrar un amigo con estas características? Tal vez tú como Daniel crees que es imposible, porque muchas veces te han decepcionado aquellos que profesaban lealtad y disponibilidad, pero cuando se descompuso tu carro nunca estuvieron presente para ayudarte. Te halagaron siempre con palabras pero te ignoraron con hechos. Conoces sus nombres pero no sus corazones. Sabes dónde viven pero no para quién viven. Sabes sus deseos pero ellos los tuyos los desconocen. En las vicisitudes de la vida no te conocen y en la hora del dolor no son hombros de apoyos. Y lo que más duele es que como Daniel, tenemos necesidad de amigos porque no somos seres hechos para vivir en soledad o aislamiento.
 
Esa fue la historia de Daniel, la cual cerró con broche de oro. ¿Por qué la tuya no puede ser igual? ¿Te gustaría conocer a un amigo que nunca falla? ¿Te gustaría confiar en alguien tus problemas y preocupaciones, sentir consuelo y apoyo incondicional, gozar de una mano amiga siempre extendida para socorrerte en los momentos de tribulación? Si tu respuesta escomo lo fue la mía, entonces sentiste la misma necesidad de muchos hombres y mujeres. Y no...ese amigo no soy yo. Ese amigo del cual te hablo se llama Jesús. Si, ese Jesús del cual has oído hablar muchas veces en la Iglesia, en la calle, en el grupo, sabes su historia, el lugar de nacimiento, su nombre, pero no sabes lo tanto que te ama y quiere ser tu amigo. Por eso, hoy te invito a que abras tu corazón a la verdadera amistad y no tengas miedo. Como Daniel corre y abrázalo. Conócele. Y recuerda: << quien ha encontrado un amigo ha encontrado a un tesoro.>>
 
 
 
 


 


 

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