St. Agatha Catholic Church
1111 SW 107th Ave - Miami, FL 33174

Quienes Somos

Enlaces


Ministerios

Reflexiones

Articulos

Salud y Finanzas

Fuente de Vida

Para Lideres

Para Parejas

La Virgen Maria

Galeria de Fotos

Contactenos

 

 

 

La santidad de vida en el diario existir Part I

     

Written by Autor desconocido   

Monday, 30 October 2006

(Escrito extraido de un correo electronico cortesia de Jaime)

Cuando yo era niño casi no me gustaba entrar a las iglesias que estaban llenas de santos porque me parecía que estaban tristes o que le dolía algo y evidentemente que para un niño esa imagen de tristeza o dolor no era algo que le atraía para nada. También observaba que algunos santos estaban como si su mente estuviera ida, como si vivieran distraídos o al borde de un ataque de epilepsia. Eso tampoco me gustaba.
Ya en la adolescencia escuché a alguien decir que todos los cristianos debíamos ser santos. Les confieso que no me gustó mucho la idea porque no me parecía bien el que yo debía tener una vida triste, llena de dolor o que tuviera que parecer una especie de lunático.

Como yo en aquella época, hay mucha gente que tiene una idea muy equivocada de la santidad el día de hoy.

En esta meditación intentaré hacerles ver que la santidad es realmente algo muy importante: buscaré esclarecer en qué consiste la santidad, dar algunas pistas para vivirla y establecer la razón por la cual todos debemos buscar ser santos, si queremos alcanzar la salvación, si queremos alcanzar la plenitud de nuestra vida. En una palabra les diré que el ideal de todo cristiano es ser santo.

Primero aclaremos que aquellas imágenes de santos "raros" no corresponden a la vida verdadera de aquellas personas cuya imagen vemos en los altares. Además le doy gracias a Dios que hoy las imágenes van buscando hacerse con aspecto más cercano a nosotros.

Si nos ponemos a estudiar la vida de los santos nos daremos cuenta de que comparten algunos rasgos comunes: todos experimentaron una gran alegría de vivir, eran muy entusiastas, llenos de energía interior y estaban dispuestos a todo por ser personas muy coherentes con sus convicciones. Eran personas que conocían muy bien la realidad y tenían muy bien puestos los pies sobre la tierra y su corazón en el cielo. Eran personas muy amables, bondadosas, amigables y atractivas. Poseía una personalidad magnética. Eran humildes, sencillos y con un gran espíritu de servicio. Sabían compartir y eran personas muy maduras. Pero lo que más lo distinguía era su profundo amor a Dios y al prójimo, que las hacia personas dispuestas a sufrir si era necesario, pero sin perder la alegría del corazón.

Ya desde aquí podemos decir que exactamente lo contrario de la santidad es la tristeza, la amargura, la desesperación, la falta de entusiasmo y de energía; la incoherencia, la hipocresía, la maldad del corazón, la dureza de sentimientos, el irrealismo y el egoísmo.

Esta imagen de santidad sí que es muy atractiva ya que ¿quién no quiere ser una persona alegre, contenta de vivir, positiva, servicial, amable, sincera, comprometida con su realidad y llena de vigor espiritual? Se necesitaría ser muy necio o estar mal para no querer ser así.

La Iglesia nos enseña que todos los cristianos estamos llamados a ser santos. Y ¿qué quiere decir esto?

En primer lugar tengamos en cuenta que desde el momento de haber sido bautizados Dios nos ha llamado a ser sus hijos y a vivir entre nosotros como hermanos. El nos ha constituido en discípulos de su Hijo Jesucristo que nos enseña el camino para ser hijos auténticos de Dios y hermanos entre nosotros ¡Estamos llamados a ser divinizados! Leemos en 2 Pedro 1, 4: "y también nos ha otorgado valiosas y sublimes promesas, para que evitando la corrupción que las pasiones han introducido en el mundo, se hagan partícipes de la naturaleza divina". Los cristianos, "nacidos de Dios" (Jn 1,12-13) tenemos como Padre a Dios.

Incluso somos hermanos de Jesús por ése mismo bautismo, y por ende, si todos somos hijos de un mismo Padre - que es Dios - y todos somos hermanos de Jesús, todos somos hermanos entre nosotros. Y esto no es una alegoría, es –permítaseme decirlo así – ontológicamente un hecho, es una realidad que afecta nuestro ser, nuestra naturaleza.

Hoy, afortunadamente, “existe una mentalidad favorable a la fraternidad. Estamos viviendo una situación de contrastes tan llamativos de vida y de muerte, de abundancia y de miseria, de libertad y de esclavitud, que se apela a la fraternidad como salvación. Todavía se cree en la fraternidad como el rayo de esperanza en una sociedad que busca solución y se la ve como la que hoy tiene fuerza de convocatoria”.

Sin embargo no hay auténtica fraternidad donde no hay filiación; la fraternidad de los hombres, para ser real, necesita una filiación que sea de todos y real, no metafórica. Ahora bien, el que somos hijos del Dios es una realidad y esto es lo que posibilita que nosotros los hombres que somos de derecho (por gracia) hermanos vivamos de hecho como hermanos.

Es sólo viviendo en Cristo (ver primer tema) como el hombre puede llegar a vivir como verdadero hijo del Dios y hermanos de los hombres (ver segundo tema). Y en esto, precisamente, consiste la santidad. Es santo el que tiene por ideal llegar a vivir como un auténtico hijo de Dios y un gran hermano de los hombres. Y renunciar a este ideal significa renunciar a vivir verdaderamente.

Ahora veamos que el ideal de la santidad significa llevar una vida santa, y si hablamos de vida, es inevitable pensar que lo que está vivo está llamado a crecer, ya que el crecimiento y la maduración es una nota esencial de la vida. La vida sin crecimiento es una contradicción.

El cristiano "está en Cristo" (2Cor 5,17), es "un hombre en Cristo" (2 Cor 12,2) por la participación de la Pascua, y "vive en Cristo" (1 Cor 1,9; 1Jn 4,9).

Ahora bien, esto no significa de ninguna manera una realidad estancada, estacionada, estática. Si hay algo dinámico, verdaderamente dinámico, es precisamente la vida cristiana ya que tiene unos horizontes ilimitados: el cristiano está siempre en camino, siempre creciendo, siempre renovándose, siempre en revisión y en búsqueda de mayor perfección de vida. La vida nueva que le dio Jesús lo impulsa, lo lleva actuar desde dentro, porque lleva en su naturaleza la expansión hacia la consumación total en Dios después de la muerte.

(Encuentra la continuacion en la parte II)

 
 
 

    


 


 

Copyright © 2008 Miami, Florida 33155 USA. All rights reserved. This site was created by Hugo Chilo