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(...Escrito extraido de un
correo electronico cortesia de
Jaime...)
(Este escrito es la continuacion
de la
Part I)
Así
que la santidad personal es un ideal
que todos los días hay que estar
trabajando, hay que está renovando,
mientras la vida dure. La santidad
que se vive en cada momento de la
existencia siempre estará en
referencia con la plenitud a la que
está constitutivamente orienta: "sed
perfectos como mi padre es perfecto"
(Mt 5, 48).
Aquí ya podemos
llegar a una primera conclusión: el
crecimiento de la vida cristiana es
una realidad que se nos impone
moralmente los bautizados; es decir,
estamos obligados a atenderla. No es
posible ser cristiano y no querer
crecer en santidad.
Atender la
santidad la podemos simplificar en
un ejemplo: la vida cristiana es
como una mesa de tres patas que
necesita de las tres para
sostenerse. Una pata consistiría en
la vida de piedad (oración y
sacramentos); otra pata se refiere a
la vida de estudio (meditación de la
palabra de Dios, cursos, enseñanza
cristiana, etc.); y la última pata
se refiere a la vida de acción
(testimonio de vida en lo cotidiano,
apostolado, etc.).
Adviértase que
dicho crecimiento debe ser integral.
Debes poder decir : "soy una
criatura nueva en Cristo y debo ir
transformándome en mi totalidad de
manera gradual: toda mi persona - mi
sentimientos, mi voluntad, mis
pensamientos, mis criterios, hasta
mi inconsciente. Todo debe quedar
bajo el influjo de Cristo. Si soy
hijo de Dios y hermano de Cristo,
debo luchar por ser cada día más
coherente en mi manera de pensar, de
sentir y de actuar”.
Es unidos a Cristo que nos sentimos
impulsados a vivir de manera
coherente en todas las dimensiones y
circunstancias de nuestra vida.
No se tratara
de querer ser bueno para alcanzar a
Cristo, sino de vivir unidos a
Cristo para ser buenos.
Otro aspecto
que no se debe descuidar en la vida
de santidad es que resulta imposible
crecer espiritualmente en un
individualismo cerrado. La vida
cristiana exige vivirla en
comunidad, crecer con los demás,
apoyarse unos a otros y brindar mi
apoyo a los que están junto a mí. Es
una vida compartida, solidaria,
comunicada y comunitaria.
Ser santo,
además, implica no sentirse santo,
sino reconocer mi condición de
pecador para que, con ayuda de la
gracia, me decida vivir inspirado en
el ideal de santidad.
Soy un
luchador, alguien que se está
esforzando, está caminando. Al
respecto es completamente equivocada
la idea de aquellas personas que
exigen a quien va a la iglesia que
sea perfecto. Me he topado muy
seguido con personas que critican a
quienes se acercan a Dios
diciéndoles frases hirientes como la
siguiente: "¡Uy mira cómo te portas
y eso que vas a la iglesia!". O hay
otros que quieren justificar su
descuido, su ausencia de las cosas
de Dios remachando alguna conducta
equivocada en aquel familiar o amigo
que si se acerca a Dios. Esto
contiene un sutil pero poderoso
mecanismo psicológico de defensa.
Algo así como: “Tu, que vas a la
Iglesia debes portarte 100 % bien,
mientras que yo, que no voy a la
Iglesia tengo derecho a portarme
mal”.
Quizás lo que
muchos no hemos alcanzado a entender
es que la gente no va a la Iglesia
porque es buena sino porque está
luchando para serlo. Y luchar por
ser mejor con medios legítimos es un
derecho que todo ser humano tiene.
Es como si a un estudiante de
medicina se le exigiera ser un
perfecto médico durante su época de
aprendizaje. Esto sería incoherente
y falto de respeto y realismo.
El cristiano,
en su afán de ser santo, está
siempre en actitud humilde de
conversión, de cambio. Él sabe que
siempre habrá algo qué transformar,
qué mejorar. Y se sabe frágil y
susceptible de caídas y retrocesos.
Pero eso no lo desanima ya que es
consciente de contar siempre con
Cristo. Su lema es: "el peregrino
está expuesto al polvo del camino".
Es de suma
importancia poner bien en claro que
quien quiere emprender la vida de
santidad, es decir, quién quiere
crecer en su vida cristiana debe
aceptar el esfuerzo y la lucha
constante. Debe rechazar la
mediocridad, la superficialidad, el
simplismo y la comodidad. En la
tradición cristiana existe una
palabra que nos habla del esfuerzo
indispensable en la búsqueda de la
perfección cristiana. Dicha palabra
es "ascesis" que significa
ejercicio, disciplina, esfuerzo
continuo.
En la fe
significa el conjunto de esfuerzos
mediante los cuales se quiere
progresar en la vida moral y
religiosa; y refiriéndose la vida
cristiana, incluye todos los
esfuerzos orientados a obtener la
perfección cristiana.
Ahora, no es
posible hablar de un ideal, de un
proyecto, de una meta como es la
santidad sin plantear el cómo llegar
a realizar dicho ideal. Por eso es
imprescindible hablar de los medios
concretos de santificación o
corremos el riesgo de que todo quede
en puras palabras o en un ideal
irrealizable; y si algo nos ha
enseñado el cristianismo es a llevar
a cabo la palabra de Dios, a ponerla
en práctica para acreditarle el
valor que tiene. Sobre los medios
los invito revisar los dos primeros
temas en donde se plantea esto de
manera clara.
Deseo
finalizar esta reflexión volviendo
al principio. Allí se dijo que ser
santo es ser alegre, lo cual no
implica la negación de la visita del
sufrimiento y el dolor, que son
parte de la vida del hombre. Sólo
que nunca será lo mismo sufrir con
Cristo que sufrir sólo, ya que con
Cristo el sufrimiento adquiere un
rico significado (me permite ser
solidario con la salvación del
mundo) mientras que el sufrimiento
sin Cristo es abatimiento,
desolación, fracaso y capitulación.
Ser santo, en
una palabra es el deseo de vivir
plenamente la vida humana que Dios
nos dio para poder alcanzarlo a Él
de manera total.
Hay una sola
pregunta:
La verdad, ¿Quieres o no
quieres ser santo? |