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Próximamente la Iglesia Católica
celebrará la fiesta de la
Epifanía. En esta fiesta, la
Iglesia nos presenta a los tres
reyes magos, quienes emprenden
un viaje hacia lo desconocido,
dejando atrás comodidad y la
seguridad de lo familiar.
Su
jornada comienza en la monotonía
y oscuridad de sus vidas pero a
medida que avanzan por el
desierto, sus vidas comienzan a
florecer, a tomar sentido, a
palpar el calor del amor. Y que
curioso porque lo único que
hacen de extraordinario es
seguir una estrella. Claro, esa
estrella no es una estrella
cualquiera como las que siguen
los astrólogos para
supuestamente adivinar tu vida.
Esa estrella era la estrella
guía, la estrella que los
llevaría hacia su
Salvador.
Hoy, al igual que ayer, hay
muchas estrellas brillando pero
a pesar de la confusión, los
reyes fueron inteligentes. Ellos
siguieron la estrella de luz
plena, no las falsas estrellas
de este mundo porque sabían que
NO todo lo que brilla es oro. Y
tú, ¿cuál es la estrella
que sigues?
Parece obvia la pregunta pero
ojo, no lo es. Aunque hay muchos
que se llaman Católicos y se
autoproclaman creyentes, no
siempre siguen la misma estrella.
Ahora les pregunto ¿por qué? y ¿quiénes
son los que no siguen la
estrella y los que sí la siguen?
Para facilitar la cuestión,
agrupemos a esta gente en tres
tipos de personas. Al primer
grupo llamémosle los “brilla
brilla,” o sea, los que se dejan
guiar por cualquier cosa que
aparentemente brilla en la
oscuridad. Al segundo grupo,
llamémosle los “desesperados” y
al tercer grupo “los reyes magos
modernos.
El
primer grupo es el tipo de
persona que no sabe distinguir
la luz falsa de la luz verdadera
porque no rezan, rechazan las
enseñanzas de la santa Iglesia,
son altaneros, son
autosuficientes, tienen egos
inflados, son rebeldes,
materialistas, se apegan a la
comodidad y a la vida fácil. Y
pues claro, cuando están
cansados del camino, ven la
primera luz que brille y no
necesariamente la que da fuerza,
la que nos da Cristo. Cuando
tienen miedo, se rodean de
ruidos, mucho trabajo para poder
tener más y más seguridad, y
supuestos amigos (todos
brillantes falsos) en vez de
creer en Cristo o apoyarse en su
prójimo (el amor tira afuera al
miedo). Y desafortunadamente, el
final de esta gente es el
desastre porque las luces falsas
brillan al principio para
atraerte pero luego se apagan y
dejan a uno en la oscuridad de
la decepción y la depresión. No
en balde es bien cierto el dicho
que dice: “No todo lo que brilla
es oro.”
El
segundo grupo de personas—“los
desesperados,” son los católicos
que comienzan con fervor
participando en el grupo y en
las actividades de la Iglesia
pero cuando la estrella guía
desaparece por un rato producto
a una nube (nube= preocupación,
tensión del diario, el no sentir
como antes, las demandas de la
escuela o el trabajo) se
desesperan y dejan de seguir
buscando la plenitud de la
verdad. Se retiran de la jornada
creyendo que con los dos o tres
pasitos que dieron ya alcanzaron
la meta. Y por supuesto, como un
clavo saca a otro, pronto
comienzan a buscar nuevas
estrellas.
Pero qué bueno es que a pesar de
todo, existen aquellos que
aunque la estrella se
desaparezca por un rato, siguen
fieles a la meta. Para estos
peregrinos o los modernos reyes
magos, no hay obstáculo que
valga. Estos reyes modernos
entienden que los obstáculos son
para pulir la fe, para
arraigarse más en el amor y para
mantenerse más humildes. Y son
precisamente estos valientes
quienes terminan la jornada y
además con honor y entusiasmo
presentan al Rey de Reyes los
regalos: oro—su fe y fidelidad a
pesar de las dificultades,
incienso—su amor a Dios a través
del prójimo y mirra—la esperanza
en Cristo solamente.
Recuerda que “LA VIDA CON CRISTO
ES UNA ESPERANZA SIN FINAL...LA
VIDA
SIN
CRISTO ES UN FINAL SIN
ESPERANZA.”
Por
eso joven, escoge!!! Escoge a
qué grupo te unirías. Escoge qué
regalos estás dispuesto a darle
a Cristo. Escoge qué luz vas a
seguir. Escoge por cuánto
tiempo.
Los
reyes magos escogieron seguir la
luz de la verdad (las enseñanzas
de la Iglesia Católica). Los
reyes magos no sucumbieron ante
la proposición de Herodes. Los
reyes magos llegaron a adorar a
Cristo.
¿Harás tú lo mismo? Adelante!!
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