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En el evangelio según San Marcos
leemos <En seguida el Espíritu lo
empujó al desierto. Allí permaneció
cuarenta días y fue tentado por
Satanás. Vivía entre los animales
salvajes, pero los ángeles le
servían. El número 40 en la Biblia
significa mucho. Para Israel este
período fue una época de tentación,
caída, y purificación. Cuarenta días
y cuarenta noches estuvo Noé en la
barca Durante 40 anos guió Moisés al
pueblo Israelita a través del
desierto en búsqueda de la tierra
prometida.
Cuarenta días está Jesús en el
desierto y cuarenta días es la
cuaresma. Si,
cuaresma es nuestro desierto hoy.
¿Bueno, para que Jesús entra en
el desierto? La respuesta es
bien simple. Jesús quiere
fomentar una relación más
profunda con el Padre y
reflexionar sobre su llamado. Lo
mismo sucede con nosotros. En
cada cristiano hay un deseo de
acercamiento al Padre. Por eso,
nosotros también entramos en
nuestro desierto. Parece simple,
pero no lo es. Este caminar
tiende a ser largo y con muchos
obstáculos. Pero muéstrense
contentos porque la iglesia
acude a nosotros con retiros,
reflexiones, confesión, y apoyo.
También recuerda que Jesús ya ha
puesto el ejemplo de cómo
debemos cruzar ese desierto y
combatir esas tentaciones que
pretenden esclavizarnos a la
carne y cancelar la divinidad
que hay dentro de nosotros por
ser hijos de Dios.
Regresemos a la Biblia y veamos
la ampliación de Marcos en Mateo
4:1 “Jesús, lleno del Espíritu
Santo, volvió de las orillas del
Jordán y se dejó guiar por el
Espíritu a través del desierto,
donde estuvo cuarenta día y fue
tentado por el diablo. En todos
esos días no comió nada, y al
fin tuvo hambre. El diablo le
dijo entonces: <>
Pero Jesús le contestó: <>
Después, el diablo lo llevó a un
lugar más alto; en un instante
le mostró todas las naciones del
mundo, y le dijo: Te daré poder
sobre estos pueblos y te
entregaré sus riquezas, porque
me han sido entregadas y las doy
a quien quiero. Todo será tuyo
si te arrodillas delante de mí.
Pero Jesús le replicó:
Entonces, lo llevó el diablo a
Jerusalén, lo puso sobre la
parte más alta del Templo
y le dijo: Vayamos por parte. Lo
primero que debemos hacer es
dejarnos llevar por el
Espíritu y no por la carne.
Debe existir una voluntad de
nuestra parte para que cuando
este tiempo venga, como una hoja
llevada por el viento, así sea
nuestro ser. Segundo hay que
orar y ayunar para poder vencer
las tentaciones.
Ahora, analicemos la primera
tentación, la cual es dirigida a
la terrible hambre de Jesús. <>
Cuando los Israelitas estaban en
el desierto, Satanás los tienta
también con hambre, por eso es
que comienzan a protestarle a
Moisés diciendo “ese gentío
morirá de hambre” (Ex.16:3)
Ahora Satanás estaba
reproduciendo esa misma
tentación con Jesús. Quería
desviar a Jesús de su misión de
salvar almas y alimentarlas.
Satanás quería que Jesús fuera
un panadero en vez de un
Salvador.
Satanás se vale de esta técnica
porque sabe por dónde darle al
ser humano—por sus necesidades
básicas. Fíjense que Jesús
cuando multiplica los panes y
los peces se hace popular. La
mayoría de la gente lo seguía no
por quien Él era sino porque les
llenaba el estómago. Vean Juan
6:26. “...no me buscan por los
signos que han visto, sino por
el pan que comieron...” Por eso
Jesús en el siguiente versículo
le advierte “no trabajen por la
comida que perece sino por la
que da la vida eterna.” Es
imprescindible que siempre
recordemos que la comida más
importante de todas es la
Eucaristía.
Ahora, traduzcamos lo anterior
en nuestra propia vida y en los
tiempos que vivimos. Ya pronto
se acercan las elecciones
presidenciales y verán que
muchas personas votarán no por
lo que es justo y digno sino por
quien va a establecer una
economía más fuerte porque eso
significa mas comida sobre la
mesa. A muchos no les importa si
el candidato apoya el asesinato
atroz de millones de inocentes
(aborto) o si el hombre va a ser
un ejemplo moral para el pueblo.
Tampoco toman en cuenta su
posición acerca de la familia y
el matrimonio. ¡Qué pena! Si
entendiéramos lo que dice Mateo
6:33 nadie votaría por el
estómago. No en balde en 1928 el
presidente Hoover ganó las
elecciones bajo el lema “Un
pollo en cada casuela y un carro
en cada garaje.”
Aun más, el pan no es la única
necesidad básica. También
necesitamos ropas, ir a la
escuela, cariño de otros, un
sueldo, ir al gimnasio, amigos y
distracción entre otros. ¿Y
sabes qué? Por aquí también
Satanás te va a tentar. Por
ende, cuando veas que estás
poniendo algunas de estas cosas
primero que la misa, el grupo,
un retiro, ayudar al prójimo,
etc., es una señal de que estás
sucumbiendo a la tentación.
Detente y dile a Satanás, no
sólo yo vivo de esto sino que de
la palabra que sale de la boca
de Dios y mi Dios me va a dar
todo lo que yo necesito
(Mat. 6:33).
Sigamos con la segunda tentación.
Aquí Satanás tienta a Jesús con
el poder al igual que en la
primera (pero la primera para
nosotros es una cuestión de
tener, uno de los dioses
moderno-tener, poder, y placer.)
“Te daré poder sobre estos
pueblos y te entregaré sus
riquezas, porque me han sido
entregadas y las doy a quien
quiero.” ¡Y quién le habrá dicho
a Satanás que todo eso es de el,
acaso el lo creó?! Fíjense la
astucia de Satanás. Jesús ya iba
en camino a ser el Rey de Reyes
y Señor de Señores pero a través
de la humildad y la cruz.
Satanás se la viene a poner muy
fácil. O sea, le presenta un
atajo. Sólo adórame y no tendrás
que atravesar por tanto dolor de
cabeza. A los Israelitas los
atrapó en esta trampa. Recuerda
cuando al ver que Moisés se
demoraba, hicieron un becerro de
oro y lo adoraron en vez de
confiar en Dios. ¡Ten cuidado no
te atrape a ti!
Traducción. Las carnadas de hoy
son prestigio, poder, privilegio
y popularidad entre otros. El
político para ser reelegido
compromete sus principios. El
estudiante se copia en los
exámenes. Los jefes usan su
poder para manipular y explotar.
Los que buscan subir de puesto
pisan a cualquiera. Otros usan
sus habilidades verbales para
seducir y dominar. Los jóvenes
artistas muestran todo, hacen de
todo para mantenerse en el
éxito. ¿Y tú qué haces?
En la tercera tentación leemos
“Si tu eres Hijo de Dios, tírate
de aquí para abajo; porque dice
la Escritura: Dios ordenará a
sus ángeles que te protejan.
Ellos te llevarán en sus manos
para que no tropiecen tus pies
en alguna piedra.” Los
Israelitas pusieron a pruebas a
Dios. Satanás hizo que
comenzaran a quejarse. “Dios nos
saca y ahora nos deja morir.
Está Dios o no entre nosotros?”
(Ex. 17:1-7) Así somos nosotros.
Nos encanta de vez en cuando en
una forma sutil forzar la
voluntad de Dios o poner su amor
a prueba. Señor si tu me amas
que este plan se me de.
El problema aquí es que Satanás
trata de manipularnos para que
nosotros rehagamos nuestra
relación con Dios. “Ahora es en
mis términos no en los tuyos.”
Como Dios no va a ceder a
nuestros antojos, esto hará que
nos alejemos de Dios.
Déjame ser mas concreto con
ejemplos. El que fuma una caja
de cigarros al día por 20 años y
adquiere cáncer, luego quiere
que Dios lo cure en un segundo
al pedirlo en una forma
agradable con “please” y todo
aunque no hable Inglés; o
podemos pensar en el estudiante
que se ha pasado todo el año
bobeando y ahora quiere que Dios
le arregle el asunto para pasar.
¿No sería mejor si en vez de
buscar una libra de cura
busquemos una onza de
prevención?
No hay excusas cristianos.
Satanás tentó a Jesús en toda
forma usando sus más hábiles
tentaciones; pero no pudo.
Tampoco podrá contigo. La carta
a los Hebreos nos lo dice (Heb
4:13-15): Por eso, aprovechemos
este tiempo para orar y ayunar
porque hay demonios que no se
van tan fácil dice Jesús (Mc
9:29). La Iglesia entendió y
cuaresma surgió. Vive tu
cuaresma (el boot camp
espiritual de la Iglesia). Ponte
la armadura de Cristo. Las
tentaciones son inevitables.
Satanás está como un león
rugiente tratando de devorar a
cualquiera (1 Pe 5:8). Por eso,
mantente alerta y disciplina tu
persona. Y si deseas algo o
necesitas algo recuerda que
Jesús no convirtió la piedra en
pan para Satanás, sin embargo, a
nosotros, sus amigos, convirtió,
convierte, y seguirá
convirtiendo el pan en su cuerpo
sagrado y su sangre en bebida de
salvación. Jesucristo se hace
nuestro alimento; palabra viva
de Dios.
¡Te adoramos a ti solamente
Señor!
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