Ya que sabemos la definición de
la palabra felicidad, entremos
en otros mares más profundos.
Entremos en la aplicación del
conocimiento anterior con
ejemplos que testifiquen o
ejemplifiquen dicha descripción.
“No se puede estar en misa y en
procesión” es un dicho popular
famoso en Cuba. O eres feliz o
no eres feliz. Y la manera mas
fácil de ayudarte a encontrar
dicha respuesta es enfatizando
lo que significa ser
un hombre INFELIZ.
¿Por qué? Porque es mejor de vez en
cuando enfatizar las cualidades de
un hombre infeliz para que te des
cuenta mejor de las cualidades que
posee un hombre feliz. El hombre
infeliz es el hombre que vive el
sermón de las des-bienaventuranzas.
Primero que nada, el hombre
infeliz es una persona
mediocre porque se conforma
con la ley del mínimo esfuerzo.
En el camino a la felicidad hay
que hacerle la lucha a todo
obstáculo y sobre todo invertir
mucho esfuerzo.
Es
la persona que vive la filosofía
del “Bacilón.” No le interesa
más nadie que su propia
existencia. Vive también la
filosofía de la gaviota,
“aprovéchate de esta gaviota que
después de esta no hay otra.”
Es
egoísta. Como el mono que por no
soltar el maní que tienen en la
mano se quedan trabados en el
hueco de un árbol y lo capturan.
Es
el tipo de persona que quiere
las cosas al instante (impaciente).
Busca la felicidad en el tener,
poder, y el placer, los tres
dioses modernos.
Es
extra alérgico al dolor ajeno.
Vive
pendiente del que dirán, lo cual
lo hace esclavo de las reglas
modernas.
Y es
esclavo del pasado y del odio.
Se ofusca con nada.
¿Posees
tu alguna de estas cualidades?
Yo espero que no pero si ese es
tu caso, no te alarmes, no todo
está perdido. Sólo atrévete a
doblar el timón de tu vida los
360 grados y comienza a vivir
como un hombre feliz. A Dios le
dará una alegría inmensa.
Listo???
Entonces prepárate para escuchar
las reglas de oro.
Regla
# 1. Vive al estilo Salmo #1.
Más
que una regla, y de ser la
definición más cercana y
perfecta de la felicidad, el
Salmo #1 subraya con elegancia y
precisión las pautas a seguir
para ser feliz. Es la ofrenda de
nuestro creador a su criatura,
una invitación única para cada
hombre. ¡Qué grande es Dios
verdad!!!
Y
fíjense que es el primer salmo.
A buen entendedor con pocas
palabras basta. A mi que nadie
me diga que es infeliz porque
Dios se ha olvidado de el porque
eso es mentira. El que no es
feliz es porque no quiere. Así
de simple. ¡!Punto!!
Ahora, qué es lo que esta regla
implica? Bueno, más que mucho,
yo diría que todo.
<<
“Dichoso el hombre aquel que no
asiste a reuniones de malvados, ni
se para en el camino del pecado,
ni en el banco de los burlones
se sienta,
más
cumplir la ley de Dios es su
alegría, y murmura su oración de
día y de noche.
Es como árbol plantado junto al
río que da su fruto a tiempo y
tiene su follaje siempre verde,
pues todo lo que el hace le
resulta. No, no pasa así con los
impíos, que son como la paja
levantada del suelo por el
viento. Jamás se librarán de la
justicia ni con los justos irán
los pecadores, porque el camino
del bueno Dios conoce, pero el
sendero del impío se pierde.”>>
(Salmo 1: 1-5)
Esta
regla nos garantiza la
felicidad. Si estamos en
comunión con la misma, seremos
como árbol plantado a orillas de
un río que da sus fruto a
tiempo. En otras palabras, donde
pongamos nuestras manos las
cosas prosperaran. Si damos 100
% en nuestros trabajos, la
recompensa será una promoción.
Nuestros matrimonios serán
incomparables y estarán
bendecidos. Nuestros hijos
sobresaldrán en la escuela,
deporte, o cualquier actividad,
meta o misión. Tendremos
verdaderos amigos. Todo esto es
lo que nos espera pero primero
necesitamos dejar de burlarnos
de los demás, de chismear, de
juzgar, criticar, de reír con
los que maldicen y planean el
mal (aborto, mentiras,
libertinaje, etc.)
Regla
#2 Escoge, pero escoge bien.
Ya
sabemos que hay que escoger. ¿Pero
qué pasaría cuando se nos
presenten las opciones? La
distinción influye muchísimo.
Por eso, concentrémonos en una
de esas elecciones que nos
encontraremos en el camino, tal
vez una de las mas importantes.
Libertad vs. libertinaje. Uno no
es feliz porque hace lo que le
da la gana. No y no!!
Es
más, yo diría que es esclavo de
la gana y esa gana está
determinada por la opinión y el
comportamiento de la cultura
donde vive.
Esclavitud y libertad no van de
la mano. La persona libre es la
persona que usa su libre
albedrío para escoger y hacer el
bien y para edificarse. El
libertino es aquel que toma
decisiones que terminan
destruyéndolo a si mismo y
perjudicando a sus hermanos.
Explico lo anterior porque para
escoger bien hay que ser libre.
Y para ser libre hay que saber
su significado. ¿O estas reglas,
o las del mundo? ¡Tú escoges!
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