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Depresión y Vida Espiritual
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Written by P.
José Pastor Ramírez, SDB...cortesía
de Jaime Perez
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Sunday, 01 July 2007 |
Hacia dónde voy… qué quiero…qué
es lo que me mueve
Saber marcar rumbos, saber lo
que se quiere en la vida y saber
lo que me mueve, me sitúa en una
postura ganadora, de realización,
de gozo, de éxito. Una persona
que es capaz de responder a
estas tres preguntas,
difícilmente se verá envuelta en
el sin sentido, en la
negatividad, en situaciones de
negación de su propia vida.
Te propongo que hagamos juntos
un camino que nos ayude a ambos
a conducirnos con estrategias
claras para asumir la
responsabilidad de la propia
vida.
En la vida de todo ser humano
existen preguntas, temas y
situaciones que evadimos
considerar porque nos producen
dolor, nos enferman, nos
deprimen. Estoy plenamente
seguro que no querrás seguir
dando tumbos de un lado para
otro prolongando el dolor. Por
lo general, en nuestras vidas
existen pautas o mandatos que no
nos dejan crecer. Uno de estos
mandatos podría ser la negación
de que no tenemos nada
importante que afrontar. Renunciamos
a ver la verdad. Una segunda
pauta consiste en defender a
capa y espada determinadas
posiciones, pero nos falta la
suficiente valentía para
comprobar su veracidad. Se está
tan seguro que nos cerramos a
cualquier otra alternativa. El
tercer problema lo constituye la
parálisis originada por el miedo
y la negativa.
A veces olvidamos que cuando
elegimos una conducta, elegimos
también las consecuencias. Pero
es bueno recordar que los
problemas y los retos casi nunca
se resuelven solos. No van a
mejorar por no hacerles caso. No
hay nada más terrible que no
querer enterarse de una verdad
ineludible que pesa sobre
nuestras vidas.
Te sugiero hacer una lista de
siete asuntos o temas de tu vida
que no has querido asumir o
considerar plenamente porque te
causan miedo o dolor. Te
recuerdo que el ¨ dolor que no
se desahoga con lágrimas, pueden
ser otros órganos los que lloren
¨. De igual manera, hay dolores
que matan: pero los hay más
crueles, los que nos dejan la
vida sin permitirnos jamás gozar
de ella. Hemos de convertirnos
en educadores de nosotros
mismos, y la tarea del educador
moderno no es podar las selvas,
sino regar los desiertos. Te
invito a regar las zonas áridas
de tu vida.
Hemos de estar dispuestos a
conocer los artificios con que
nos saboteamos a nosotros
mismos. Por tal motivo, te
sugiero un segundo ejercicio:
escribe un relato donde te
cuentes a ti mismo lo que
sucederá en tu vida si no te
decides a hacer cambios
significativos en tu
persona. Aquí puedes incluir
esos temas que te producen dolor
o miedo. Te pido que uses tu
imaginación, que seas sincero y
que evites las justificaciones.
Te aseguro que los ejercicios
que te he propuesto te ayudarán
a dar los primeros pasos para
saber hacia dónde vas, qué
quieres y quién o qué te mueve
en la vida.
El maestro de Nazaret en su vida
pública, con sus hechos y
palabras, ha conducido a muchos
a afrontar esos temas o
situaciones de la vida que
causan dolor, pena y vergüenza. Aunque
podríamos elegir muchos textos
más, centro la atención en el
encuentro de Jesús con la
Samaritana: Jesús le dice: ¨
Vete, llama a tu marido y vuelve
acá.¨ Respondió la mujer: ¨ No
tengo marido ¨ y Jesús le dice:
¨ Bien has dicho que no tienes
marido, porque has tenido cinco
y el que ahora tienes no es
marido tuyo; en eso has dicho la
verdad ¨ (Jn 4, 16-18).
Por el texto nos damos cuenta
que un tema importante para esta
mujer lo constituía su vivencia
de la afectividad. La condición
esencial para calmar la sed de
alguien, es tener claro cuál es
su sed, o cuál es el tema o
situación que me produce la
sed. Por eso, Jesús conduce a la
mujer a una actitud de
confesión, la lleva a verbalizar
un tema que le cuesta y que no
le permite descubrir la verdad
sobre sí misma y sobre
Jesús. Ella quería estar con
Jesús, pero no consigo
misma. Estaba impulsada a hablar
siempre de otra cosa, de los
otros, pero no de sí misma. No
es fácil, porque brotan del
interior los miedos y las
resistencias. Esta mujer, al
responder la petición de Jesús,
se abre a compartir su vida. Es
el compartir su vida lo que le
hace experimentar el agua viva.
La mujer le dice a Jesús: ¨
Señor dame de esa agua, para que
no tenga más sed y no tenga que
venir aquí a sacarla ¨ (Jn 4,
15). Señor dame de esa agua para
que yo pueda verbalizar y
considerar esas situaciones que
me dan miedo y me limitan. El
mejor momento para ello es ahora
mismo. Existe una ley de vida,
cruel y exacta, que afirma que
uno debe crecer o, en caso
contrario, pagar, más por seguir
siendo el mismo. Entonces...
vamos a crecer!
P. José Pastor Ramírez, SDB
(Salesiano de Don Bosco).
Inspector de las Antillas
Artículo extraído del Boletín
Salesiano Edición Antillas, Año
52, #9. enero abril 2006
Nota: Este escrito fue
transcrito por Jaime Perez,
miembro del grupo.
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