Hay una nueva epidemia que está
acechando entre los hispanos y
afroamericanos jóvenes, y no es
un virus o infección. Los
jóvenes entre las edades de 24 a
35 años, de bajo ingreso, son
los más vulnerables, para la
sorpresa de muchos. El público
en general cree que los
norteamericanos pudientes son
los más propensos al robo de
identidad, pero realmente este
segmento de la población está
consciente de los riesgos y sabe
protegerse contra el fraude. Sin
embargo, los hispanos y
afroamericanos no conocen el
peligro del fraude de identidad,
o piensan que no corren tal riesgo.
Joven ¡no caigas en esta trampa! El
robo de identidad le puede pasar a
cualquiera, pero se pueden tomar
medidas para evitar que esto te
ocurra. Como primer paso, es
importante que siempre este al tanto
de tus documentos y tarjetas de
crédito y débito. Hay que avisarle
enseguida al banco o la institución
encargada del robo si esto te pasa a
ti. No dejes pasar un solo día. Las
mujeres especialmente deben de ser
muy cuidadosas cuando cambian de
cartera, porque pueden perder la
cuenta de su dinero o no enterarse
que le falta una tarjeta de crédito
hasta que sea demasiado tarde. Así
que recuerda: mientras más tiempo
tardes en reportar una perdida, mas
tiempo tendrá el ladrón para robar.
Siempre debes de mantener el
control de tu cartera o
billetera, aunque te encuentres
entre familiares y allegados. Un
65 porciento de hispanos han
sido victimas de fraude
perpetrados por personas que
ellos conocen bien. Para estos
allegados es más fácil robar por
el acceso tan libre que tienen a
las tarjetas y documentos de sus
victimas. Inclusive, es posible
que te roben una tarjeta de
crédito mientras que estés
entretenido conversando con
alguien y te la regresen de
nuevo a la billetera. Y tendrás
que pagar la cuenta porque no te
enteraste que te la habían
robado al devolvértela. Lo sé,
porque fui victima de esto una
vez en mi centro de trabajo.
Esto es una triste realidad,
pero es bueno saberlo para poder
prevenirlo. Acuérdate lo que
dijo el Señor: “Hay que ser
mansos como palomas, pero
astutos como las serpientes.”
También es más fácil el robo de
identidad cuando se abre una
nueva cuenta de préstamos o de
crédito. Aquí lo importante es
mantener el control de la cuenta
y los números de identificación.
Debes de utilizar los reportes
de crédito (que son gratuitos)
para ayudarte a mantener el
control de tus finanzas. También
es bueno que hagas las más
transacciones que puedas
“online” (en la red) porque esto
evitará el descontrol de tus
cuentas, la papelería excesiva
(que se presta al fraude) y
mejorarás tu crédito al pagar
las cuentas al día. Podrás
archivar tus recibos
electrónicamente y esto te
facilitaá también en todos los
sentidos. Por si acaso, deberías
de mantener un archivo bajo
llave por si tienes un problema
con la computadora.
Siempre recuerda que es de suma
importancia destruir los recibos,
documentos, facturas y balances
de cuenta que botes a la basura,
ya que éste es un lugar favorito
entre los timadores. Para este
propósito debes de comprarte un
“paper shredder” o destructor de
documentos en cualquier tienda
de productos de oficinas. Todo
documento que tenga un número de
identificación debería de ser
destruido de esta manera.
Así que recuerda: para evitar el
robo de identidad hay que
mantenerse al tanto de las
pertenecías. Es esencial revisar
los reportes de crédito. (Se
pueden conseguir también en
español.) Por ultimo, no botes
nada a la basura que pudiera
beneficiar a un timador sin
destruirlo primero. Si sigues
estos consejos no sólo te
protegerás del fraude, sino que
te organizarás y mejorarás tus
finanzas al mismo tiempo. ¿Vale
la pena? ¡Claro que sí!
Tallet, O.P. La Voz Católica
“Los hispanos son mas
vulnerables a fraudes de
identidad, según estudio”. (julio
de 2006) p. 10
Disclaimer: Esta información es
verificada pero no garantizada.
No es la intención del grupo que
sea usada como base para un
diagnóstico o decisión sino que
son consejos a considerar. Tanto
Jóvenes Voceros de Cristo, sus
líderes, como la Iglesia de St.
Agatha no se responsabilizan por
el mal manejo de la misma. Es
exclusivamente responsabilidad
del lector su buen uso.
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